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Han pasado varios días y aún no ha presentado la renuncia el Decano de la Facultad de Ciencias de Información de la Universidad Complutense. En una de estas típicas sesiones de graduación es normal que los alumnos hagan algún discurso ácido contra lo establecido (los más arriesgados, incluso, optan por lucir la bandera ultrajada o la pancarta acusadora). Otros prefieren lo goliardesco o abusan de lo sentimental -el ya clásico “triste y sola se queda la Facultad”-. También puede ocurrir que, víctimas de los nervios, les acabe saliendo un mensaje poco hilado, entrecortado o confuso.
Lo que ya empieza a ser inaceptable es que esta señora (la estudiante del famoso vídeo*), empuñando desde el principio su máxima calificación, mande su título a freir espárragos –dice que no lo rompe porque sería ilegal (¡?)- y acabe pergeñando un manifiesto chocarrero, lleno de ridiculeces y de patadas a la gramática. Nos explica encima que le han acreditado en comunicación audiovisual, con lo cual la amenaza a los diccionarios y al buen gusto se mantiene latente.
Para que esta señora escupa sobre su propia posición y monte esta plática contra algo a lo que ha dedicado varios años de su vida, mucha gente se levanta a las seis de la mañana y entrega en una caja única una buena parte de sus ingresos. La Facultad de Ciencias de Comunicación de la Complutense se encarga de esta docencia. Comprendo el mal trago de los colegas. Pero, para recuperar la dignidad y el prestigio de esa universidad pública, el Decano debe dimitir. Eso sería decirle a la sociedad: “Miren, ha pasado esto, cada uno se expresa como quiere y es de su padre y de su madre, pero la institución no respalda ni este mensaje ni sus formas”. El ministro Antonio Asunción dimitió –como un señor honorable de la política- cuando se escapó Roldán. Ante esta fuga de la inteligencia, el Decano ha de dimitir.
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Un comentario sobre “Diarios dispersos. Todavía sigue en el cargo.”