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Sábados exclusivos. Lapsus y volapuk (I).
Sábados exclusivos. Lapsus y volapuk (II).
Sábados exclusivos . Lapsus y volapuk (III).
1.-Empezamos hace unos días estas reflexiones estableciendo la distinción entre la juguetona errata y la farragosa o equívoca redacción deficiente. La primera podría ser corregida (si se dan los presupuestos para el ejercicio de dicha potestad). Pero la segunda ya se quedaba en los boletines oficiales y con ese buey tenían que arar jueces, abogados y otros aplicadores del Derecho.
Salvo alguna excepción, la imprudencia es el manto común de los dos fenómenos que hemos citado. Es decir, la relativa inocencia del despiste o del poco cuidado cubre tanto al lapsus como a la pobre o fangosa composición.
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2.-Sin embargo, el uso del llamado “lenguaje inclusivo” no es muestra de una mera negligencia, sino que está movido por un dolo inquebrantable, por una dionisíaca voluntad de establecer e imponer un nuevo idioma o, al menos, nuevas reglas sobre el viejo idioma.
Me dirán ustedes que exagero ya que, a diferencia del esperanto o del volapük, no se pretende una sustitución total, con un ejército inacabable de sustantivos, verbos, pronombres y adverbios. El “lenguaje inclusivo” se incluye dentro de los lenguajes construidos o planificados de contenido parcial. Le interesa sobre todo la manipulación del sujeto. Esto es una cuestión fundamental cuando se trata de normas jurídicas, evidentemente. Afecta al creador de la norma, a sus destinatarios, a las partes principales y a los terceros, a los operadores y aplicadores, etc. Se plantea prácticamente en cada frase o párrafo de las leyes.
Por ese carácter parcial, el “lenguaje inclusivo” se acerca, por ejemplo, a la lógica simbólica (que sólo pretende el empleo de ciertas partículas para asegurar el rigor y verdad de sus enunciados). Por sus propósitos ideológicos, el “lenguaje inclusivo” se acercaría a las manipulaciones que describe Orwell en 1984 o -bajo el laudable propósito de la igualdad- a las hipótesis formuladas por Victor Klemperer para el lenguaje político del Tercer Reich (“palabras aisladas, expresiones, formas sintácticas que se imponían repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente…”).
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3.-El carácter doloso de la operación se observa, por ejemplo, al leer la Resolución de 28 de julio de 2005, de la Subsecretaría, por la que se da publicidad al Acuerdo del Consejo de Ministros, de 22 de julio de 2005, por el que se aprueban las Directrices de técnica normativa. En el apartado 43 de estas directrices se cita el siguiente ejemplo de “disposición tipo”:
“Se habilita al Ministro (masculino genérico, al referirse al cargo, no al titular que en ese momento lo ocupa, ya que la norma tiene vocación de permanencia) de Sanidad y Consumo…”
La regla anterior se vería confirmada por el ya famoso Informe de la Real Academia Española sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas, de 16 de enero de 2020, elaborado a petición de la Vicepresidenta del Gobierno.
Sin embargo, poco pueden hacer tales documentos y prescripciones, propias de aficionados, ante el corpus solemne del nuevo esperanto: las “guías sobre el uso del lenguaje no sexista” (o denominaciones similares). En ellas se justifica el voluntario manoseo y desmonte del lenguaje. Es nuestro deber examinarlas el próximo sábado.
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