Una nota para linkedin.

       “Hoy pienso que me habría encantado ser como Wallace Stevens, abogado y poeta. Me parece que, por norma general, siempre nos gusta ser aquello que no somos. Me habría encantado, como hizo Stevens en 1922, poder escribirle estas líneas al director de una revista literaria: “Haga el favor de no pedirme que le envíe datos biográficos. Soy abogado y vivo en Hartford. Estos hechos no son divertidos ni reveladores””.

       Enrique Vila-Matas: Mac y su contratiempo.

Donde Wallace Stevens encontraba su inspiración [Anécdota]

(Wallace Stevens. Fuente: Time & Life Pictures).

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Repetidores.

        “Tampoco quiere cambios “el repitente” (más conocido en la escuela como “el 34”), un personaje de Mis documentos, de Alejandro Zambra. El 34 tiene el síndrome del repetidor. Es especialista en encallarse más de dos años en un curso, sin que esto constituya para él una adversidad, sino todo lo contrario. Ese repitente de Zambra es tan raro que ni siquiera es rencoroso, más bien es un joven sumamente relajado: “A veces lo veíamos hablando con profesores para nosotros desconocidos. Eran diálogos alegres […] Le gustaba mantener relaciones cordiales con los profesores que lo habían reprobado.”

        Enrique VILA-MATAS, Mac y su contratiempo.

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Cuarentena

Anotábamos el otro día el poema que nos faltaba, de la mano de Marcel Riera. Algunos amigos me han pedido una posible traducción y, con algunos ajustes rápidos, propongo lo siguiente.

 

CUARENTENA

 

Supura la herida, y en un tirabuzón

se enrosca en el pasado, se deshilacha el tiempo,

las pestes resucitan, toma forma el horror.

 

Sin fosas comunes ni humo de hogueras,

sin incienso ni bendiciones, queda el asombro

por la ausencia de Dios en la vida diaria.

 

Una mente confusa mide las distancias,

palpa el aire más nítido, la frialdad de la luz

y el miedo a la oscuridad, que es otra transparencia.

 

Por la rendija asoma lo que no tiene nombre,

metido entre las horas, y un velo de polvo muy fino

flota como un visillo sobre todas las cosas.

 

Y en la hora desolada de los mercados y las plazas,

de la estática espera de una bondad que cure,

querríamos que el mañana apareciese benigno.

 

Como un espejo roto, la inquietud nos enfrenta

con nosotros mismos ante todo aquello

que habíamos olvidado, mientras nos mece el silencio.

 

En la balanza está justo lo que teníamos

y el lastre de la incertidumbre,  ahora sólo queda

la arisca evidencia de saber que esto es vivir.

 

 

J.Amenós. Traducción de «Quarentena«, de Marcel Riera.

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Nuevo curso

De mis anteriores artículos sobre el inicio del curso [ *  , **,   ***] –que ahora quizá reeescribiría o matizaría- me voy a quedar, porque estoy muy contento con mis nuevos y magnificos alumnos de tercero,  con un fragmento que escribí  en el inicio del año 2015:

“De nuevo, la pesada tarea de “motivar”, que es ya una consigna desleída y ridícula. Por el contrario, cada día me parece más certera la observación de Claudio Naranjo: el niño aprende de forma natural cuando percibe algo más grande que él, algo sustancial y verdadero que fascina por sus proporciones. No sé si podré yo transmitirlo.”

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Laura

 …A la xarxa linkedin vaig definir aquest quadern com a experiment a mig camí entre el diari personal i el Butlletí Oficial de l’Estat. L’ensenyament, les meditacions més o menys disperses sobre les coses que passen a les aules, formen part habitualment del seu contingut. Als anys vuitanta, un dels noms catalans més habituals fou “Laura”. El seu èxit  fou fugaç i aviat fou ultrapassat per nom més exòtics o que s’entenien més propis o més sonors.

El motiu de la revifalla d’aquells anys  fou la ressonància de la magnífica cançó “Laura”, de Lluis Llach. Això vol dir que molts dels estudiants que he conegut  s’identifiquen com a “Laura”  per influència en els seus pares d’aquella peça, d’aquells versos senzills combinats amb una efectiva música de guitarra.

Laura” era Laura Almerich, la  guitarrista de Lluis Llach, i la seva recent desaparició m’ha fet pensar en les persones que ens regalen el seu so i gràcies a ell parlem. Potser l’educació autèntica és això:  aportar uns acords de fons –com més persistents i útils, millor- a la partitura pròpia i incomparable de cada vida. Que els déus et guardin el camí, Laura.

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Censo de ausencias

Una de las principales molestias que me ocasiona el incómodo Bartleby consiste en recordarme la desaparición, cada vez más rápida, de gentes que, durante algún tiempo, lanzaron algunas señales imborrables. Me fastidia su especial atención al verano porque, ya desde los orígenes mismos de la literatura, los poetas advirtieron la incurable contradicción entre el estío y la muerte.

Con su innecesaria eficacia –que nadie le ha exigido- me ha recordado hoy que este curso se inicia ya sin Vicente Verdú. He preferido no comentarle las decenas de artículos que, justo desde la época de estudiante, nos ilustraron más y mejor sobre la vida cotidiana, sobre la reverberación de la economía, de la ideología o de la política en los quehaceres y trasiegos de cada día. Me encantó aquel planeta americano, que él nos describió y que utilicé en algún trabajo académico. Y un buen amigo de Ciudad Badía aún tuvo el detalle de regalarme El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción. Lo publicó en el 2003, pero Bartleby me recuerda con insultante agudeza que es probable que algunas páginas suyas ya auguren el ridículo prurito de escribir este cuaderno (y se permite incluso recalcar en negrita su acusaciòn):

       El individualismo, en fin, ha triunfado tanto que ha llegado a convertirse en un fenómeno de masas. Las llamadas de nuestro tiempo no convocan a la revolución colectiva sino a la caridad particular; y los problemas del trabajador con la empresa se tratan de uno en uno, a menudo en los dispensarios. Luc Ferry ha llamado a nuestro tiempo la época del “ultraindividualismo” y los sociólogos norteamericanos, como Lash, lo denominaron “narcisista”. Lipovetsky ha calificado este período de “segunda revolución individualista” o paso del individualismo limitado que inauguró el siglo XVIII al individualismo total, y en la actualidad, decía Touraine, no se trata de buscar el sentido del mundo, sino el sentido de “mi” vida. ¿Consecuencia? La consecuencia es que la customización de los consumos y de los trabajos, la flexibilidad en los empleos y en las tareas, los cambios de residencia, de pareja o de ocupación derivan en cortas relaciones humanas. La vida tiende así a convertirse en una sucesión de fragmentos y la identidad, sometida a cambios constantes, sufre despistes y extravíos. Se aspira a ser único, inalienable, y el sistema se las arregla para cobrarse este anhelo en una incesante reposición de funciones, espacios, objetivos, pero todo esto hasta el punto, dice Gil Calvo (2001), de que acaso  “la vida futura ya no tenga sentido real”.

        A la pérdida de grandes referencias comunes se suma una biografía cuarteada, y a la segmentación biográfica se agrega, a cada paso, el bombardeo de consejos (libros de autoayuda, dictados publicitarios, recomendaciones médicas) para diseñar interminablemente otro yo mejor. Hay incontables enfermedades del yo, pero una, muy característica ahora, es la aglomeración de yoes sustitutivos y contradictorios. O bien: la existencia se ha poblado de tantos reclamos, verdaderos y falsos, dentro y fuera de los media, que sin cesar nos vemos asaltados por la inquietud de no hallarnos en el lugar idóneo y ocupándonos de lo más oportuno. Ante esa desazón, ¿cómo no verse confundido?, ¿cómo no sentir la insuficiencia de no ser un yo más?

***

El ajuste razonable en el puesto de trabajo para personas con discapacidad (tesis doctoral de David Gutiérrez).

1.-El 26 de abril me acerqué a la “Casa de la Convalescència”, edificio integrado en el marco del Hospital de San Pablo de Barcelona. Esta construcción pertenece actualmente a la Universidad Autónoma de Barcelona y pude advertir, una vez más, la herida del tiempo mientras rememoraba las diversas ocasiones en las que había estado allí. Por ejemplo, una reunión de profesores franceses y españoles organizada por la Dra. Marta Franch  y que culminó con una deliciosa visita a las maravillas artísticas de este hospital.

*

2.-También se me pasó por la cabeza la reciente lectura de Josep Maria EsquirolLa resistència íntima: assaig d’una filosofía de la proximitat-:

Donar-se és servir als altres d’aliment, de compañía, de tendresa o d’aixopluc. D’aquí, les cases de misericordia, les cases de caritat o els hospitals. La solidaritat té forma de casa. Una casa no hospitalària no és casa. I per això, també, una casa mai s’acaba de fer.”

También Daniel Rico había estudiado estas casas medievales de solidaridad, acogida y limosna. Pero vayamos ya a mi propósito principal, que era asistir a la discusión de la tesis doctoral del laboralista David Gutiérrez, con el título de “La obligación de realizar ajustes razonables en el puesto de trabajo para personas con discapacidad: origen, evolución y configuración actual. Una perspectiva desde el Derecho comparado y el Derecho español” (bajo la dirección de un buen amigo, el Dr. Ricard Esteban Legarreta).

No ha sido David Gutiérrez un doctorando anacoreta, sino que estaba –y seguirá estando- implicado en la vida académica, en sus debates, en el chup-chup del alma mater. Se ha dado en él, en cierto modo, una posesión del estado de doctor que tácitamente sus colegas ya han reconocido.

**

3.-Recibió pues, David Gutiérrez, la alternativa, con un Tribunal de aguda especialización en su tema. Entró el aspirante a doctor casi a puerta gayola en el discurso, aludiendo nada menos que a las cuatro fuentes comparadas en las que se había zambullido: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Francia. Se entretuvo luego en el meollo: la obligación de ajuste razonable del puesto de trabajo a las características del discapacitado. El Dr. Eduardo Rojo, por cierto, advirtió que el 6% de la población española entraría en esa calificación. De ahí viene  el natural impacto social de la tesis.

Se expusieron después temas diversos y, ya en pleno toma y daca con el Tribunal, se insistió en la relevancia del aspecto procesal, con alguna arista en la tramitación a causa del carácter reservado del dato de la enfermedad o de la dolencia debilitante. En plena euforia ante la calidad del trabajo desarrollado, se apuntaron maestros y discípulo a señalar nuevos interrogantes  para profundizar en los descubrimientos ya presentados. Sin embargo, se alzó con dulzura la sabia mano del Dr. Rojo para advertir –con otras palabras, claro- que el objeto de la tesis es siempre el primer amor y que, por tanto, su presencia –inolvidable, punzante, profunda- habrá de ceder su posición ante las nuevas –y quizá no tan deleitosas- aventuras de la vida investigadora.

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Bartleby en el sanatorio

Había empezado, ciertamente, a superar la enfermedad. Sin embargo, para ello tuvo que recurrir al reputado especialista –de fama mundial- Enrique Vila-Matas.  Puso muchos reparos: algo así como si un insigne científico de mentalidad racionalista acabase visitando, a hurtadillas, a un curandero.

Sabido es que Bartleby abandonó la lectura de El Quijote más o menos por la mitad, profundamente aburrido, y se prometió a sí mismo no volver a enfangarse en ninguna novela, género claramente inferior al ensayo, al texto científico y a la poesía (además de ya desfasado en el tiempo). No obstante, la gravedad de la dolencia –fácilmente verificable en el tacaño número de artículos publicados en diciembre y enero- le aconsejó someterse a las rígidas recetas del galeno. Por prescripción facultativa, le fue administrada la dosis total de El mal de Montano, incluso con el riesgo de desagradables efectos secundarios.

***

Bartleby, la economía colaborativa y el Derecho laboral.

1.-Era consciente de la radical obsolescencia y de su profesión y de la de todas las instalaciones e inmuebles auxiliares, incluyendo una legión de oficinistas realmente considerable. Por eso, Bartleby se acercó a escuchar la sesión del GEA (Grup d’Estudis Autònoma) del viernes 26 de enero sobre “Economía colaborativa y Derecho Laboral”, que impartía (y lo hizo brillantemente) el profesor Ricard Esteban Legarreta.

*

2.El tuétano de la mencionada “economía colaborativa” es la plataforma informática, que ningún sabot podría ya destruir. Bartleby agradeció la distinción entre, por un lado, plataformas que simplemente ponen en contacto el demandante de una cosa o servicio con el oferente (Airbnb, Wallapop, eDarling, etc.). Y, por otro lado, plataformas que implican un trabajo, un servicio organizado desde el dueño de la plataforma (Über, Deliveroo, etc.).

       En eñ último caso indicado, se plantea la posible aplicación de la noción de relación laboral (art. 1.1.-del Estatuto de los Trabajadores) o, al menos, como propuso el ponente, la configuración legislativa de una relación laboral de carácter especial.

**

3.-Bartleby advirtió de la diferente problemática de cada uno de estos artilugios. Algunos ya se hallan bajo una potente lupa fiscal (por ejemplo, Airbnb, dada su propia publicidad), mientras que otros parecen más opacos. Dada la enfermedad literaria de Bartleby, imaginó pronto cómo se escacharraba la red virtual de Über ante las inminentes mallas de coches sin conductor. Lo mismo les ha pasado a los grandes malls, dinosaurios en retirada ante la glaciación impuesta por el comercio on line.

       Al acabar, Bartleby quedó confuso ante la fórmula apuntada por Ricard Esteban al principio de su charla relativa a las misteriosas e inmensas bolsas de trabajo que una empresa reparte informáticamente en ínfimas porciones. Por ejemplo, 100€ por tres pequeñas gestiones o por tres mañanas atornillando mesas en el local que se le indicará. Bartleby comprendió que, dentro de poco, sólo la literatura le permitiría comprender este mundo (aunque ello implica, evidentemente, estar fuera de él).

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Ceguera legal

1.-Estimados lectores: quería comentarles hoy mismo la reciente Ley catalana de la arquitectura, que fue publicada en el Diario Oficial de la Generalidad de Cataluña del jueves 13 de julio. Ayer viernes intenté varias veces su  lectura en la página oficial, que puede consultarse aquí: ***. Era imposible. Pensé que se trataba de un error de mi ordenador pero, a medida que pasaban las horas, me di cuenta de que era un fallo de la web. Lo mismo ocurría con el Portal Jurídico de Cataluña, que reenviaba su señal al DOGC, con lo cual el bloqueo se mantenía gracias al bucle (creo que lo llaman así, no sé).

Hoy el vacío persiste y me lo han confirmado algunos amigos y familiares. Lo mismo  pasa desde el teléfono móvil, lógicamente. Uno, en su ignorancia informática suprema, respeta siempre  profundamente los avisos de “web en obras” o similares. Pero nada de eso aparece en la pantalla. En realidad, lo único que ha podido consultarse en las últimas cuarenta y ocho horas es el último Diario Oficial, que incluye los cambios del gobierno catalán. Esto me tranquiliza enormemente.

Cuando se le solicita a la página el contenido del número del jueves -o de cualquier otro día de cualquier año-, aparece lo siguiente:

2.-En definitiva, en los últimos dos días no ha sido posible, según parece, la consulta del DOGC (salvo el  número del viernes, como he dicho). Dado el elevado nivel que ustedes ya conocen en este cuadernillo, me voy a morder la lengua y no voy  a aludir a los fastos que se nos anuncian (parece que esto comenzaba en septiembre, “un cop tornem de Palamós ho enllestim”, pero ahora no sé si ya han puesto el tráiler). Además, soy un hombre moderno y pienso ¿Y si miro el twitter del dogc? Seguro que tiene un twitter, claro. Y, en efecto, aunque no hay ningún sumario oficial y me pierdo entre nubecitas de opiniones y tweets de Shakira y de viajes de «El Corte Inglés», encuentro la referencia de una «redirección»:

http://m.gencat.cat/mobi_dogc/AppJava/pages/Content.htm?numDOGC=7411&versionId=1625068&dateDOGC=13.7.2017&contentId=792545&viewportWidth=768&viewportHeight=768

Ya  está, no hay nada como tener recursos. Los principios del art.9.3 de la Constitución son eso, hombre, un tweet. Lástima que la página a la que me remite se denomina alegremente “Generalitat de Catalunya. Gencat. Mobi”. En modo alguno se beneficia, pues, de la sagrada mención que aparece en la web auténtica del DOGC:

El Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya se publica diariamente de lunes a viernes no festivos, en dos ediciones en catalán y en castellano. La Ley 2/2007 del Diari Oficial establece el carácter oficial y auténtico del DOGC digital.”

3.-Bromas aparte, esta publicación inexistente durante dos ( o quizá más) días plantea problemas muy delicados. Por ejemplo, si la norma tiene vacatio legis, ¿está transcurriendo, pese a no ser consultable? ¿Cabe presumir que la publicación no se produjo el jueves si en las últimas cuarenta y ocho horas no se ha podido conocer el texto de la norma?

Desde un punto de vista filosófico, es probable que mi admirado catedrático de Filosofía del Derecho, Don Rafael Hernández Marín, dijera que la norma ahora no existe, salvo que alguien se hubiera hecho una copia del DOGC  en papel (si es que llegó a publicarse). En realidad, es argumentable que, en este momento, la alegación de cualquier norma de Derecho catalán –salvo lo que conste en el último diario oficial- debe ser probada, tal como ocurre con la costumbre. Estas apasionantes cuestiones llenarían páginas y páginas, pero yo sólo quería comentar la Ley de Arquitectura y estaré todo la noche al pie de mi ordenador esperando que el Derecho vuelva (o más tiempo, si el deber me lo reclama).

Cuartel General del Ejército Yugoslavo –Generalštab- en Belgrado, obra del arquitecto Nikola Dobrović, tras los bombardeos de la OTAN (1897-1967), . Fuente: XXX.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PD: a las 22, 54 del sábado se resuelve la situación y las dos webs -DOGC y Portal Jurídic de Catalunya- vuelven a funcionar, sin duda gracias a la repercusión de este artículo. Es fácil ver que la foto que hemos  aportado ya no podría obtenerse. Sin embargo, todo ello  deja sin solución algunos de los problemas jurídicos que hemos anotado (web del diario oficial paralizada como mínimo un día y medio).

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