Sábados exclusivos. Las empleadas del hogar hacen limpieza.

Limpiar en casa con una escoba

(Fuente: gettyImages).

1.-La página oficial del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) se desayunaba el 8 de septiembre con este titular: “El BOE publica el acceso a prestaciones por desempleo para las trabajadoras del hogar”. Seguía así la pauta que ya habían marcado tanto el Presidente del Gobierno (en diversos anuncios públicos y en el debate en el Senado) y la ministra de Trabajo. Esto es, la exclusiva referencia a las empleadas o trabajadoras del hogar. Una alusión perfectamente lógica y que a nadie extrañó, dada la  destacable mayoría femenina en esta tarea. El hablante tiene prisa y, cuando puede determinar el sujeto con altísima probabilidad, rehúye las formas genéricas y va al grano (de ahí la generalización, por ejemplo, de “enfermeras”). Por esta razón, es probable que dentro de diez o quince años hablemos sólo de “juezas” -al menos en el lenguaje oral- y quizás habrá alguna sorpresa en la profesión que hoy analizamos, teniendo en cuenta el aumento de las empresas de servicios, el teletrabajo, los robots y la multiplicación de los matrimonios hipogámicos (con el hombre en estatus inferior, aunque de esto hablaremos otro día).

Como la cosa fluía con normalidad, nadie cayó en cuenta que las autoridades políticas  se habían cargado de un plumazo dos dogmas de la posmodernidad imperante:

Duplicar las referencias a las profesiones: ni un mísero “empleadas y empleados del hogar” en las alocuciones y discusiones.

Evitar los estereotipos femeninos: toda la pesadez académica de este discurso se iba por la alcantarilla.

Había  expectación en la plaza para ver cómo se depositaba esto en el gran vertedero terminológico del BOE. Reconozco que la solución no era fácil y más teniendo en cuenta que los burócratas del “lenguaje inclusivo” ya nos han dejado el campo embarrado.

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2.-El legislador opta, en principio, por la pastilla cursi de la “personitis” y se refiere en el título del Decreto-ley (16/2022) a las “personas trabajadoras al servicio del hogar”. Ya nos hemos referido varias veces a este vicio en nuestra sección. Baste recordar ahora que, ordinariamente, “trabajador” -sustantivo- no equivale a “persona trabajadora” –donde trabajadora puede leerse como adjetivo-. De todos modos, es tarea hercúlea hacer distinguir a un oficinista del “lenguaje inclusivo” entre sustantivo y adjetivo.

Por tanto, pueden ustedes imaginar la cansina redacción que nos acompaña: “persona trabajadora”, “persona empleada”, “persona empleadora”…A veces, el resultado tiene algo de cacofónico, como ocurre en la nueva redacción del art. 11.1. d) del Real Decreto 505/1985, sobre organización y funcionamiento del Fondo de Garantía Salarial:

d)Las personas empleadoras por las personas trabajadoras en el hogar familiar vinculadas entre sí en virtud de relación laboral de carácter especial”.

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3.-Sin embargo, eso que ellos  decretan como “lenguaje no inclusivo”(el de toda la vida) corretea alegremente por todos lados y demuestra a las claras que el montaje anterior era un capricho innecesario, un churro de chocolate para marcar diferencia con las porras. Así, en el artículo segundo se habla tranquilamente de “sentencia, auto, acto de conciliación judicial o resolución administrativa a favor de los trabajadores”. En el artículo sexto reaparecen los “trabajadores incluidos en el Sistema Especial para Empleados de Hogar”. No hay ningún problema para volver a emplear este vocablo en  el número 5 de la disposición adicional primera (y, además, por dos veces), provocando incluso una mezcla ridícula: “…contratos de interinidad que se celebren con personas desempleadas para sustituir a trabajadores”…

Por supuesto, cuando se trata de nombrar a la hucha, el legislador no quiere líos (y este era el gran momento para cambiar la denominación supuestamente opresiva). Nada de nada: “Sistema Especial para Empleados de Hogar”. Con el dinero, pues, una solución clásica. Y más espectacularmente clásica aún en el primer párrafo de la disposición transitoria tercera cuando, en un ámbito realmente feminizado, no hay ninguna duda en seguir los criterios del buen castellano (justo cuando podía quizá permitirse un exceso, el legislador laboral se autorreprime):

Las bonificaciones por la contratación de cuidadores en familias numerosas que se estuvieran aplicando el 1 de abril de 2023, en los términos previstos en el artículo 9 de la Ley 40/2003, de 18 de noviembre, de protección a las familias numerosas, mantendrán su vigencia hasta la fecha de efectos de la baja de los cuidadores…”

            Por tanto, la verdad es que el resultado final implica una cierta retirada de las toscas maniobras del lenguaje “inclusivo”, que tenían en el Ministerio de Trabajo un aliado que ya flaquea. Por cierto,  si uno sigue leyendo  las disposiciones transitorias del Decreto-Ley –donde, de acuerdo con depurada técnica legislativa, ya se tratan temas que nada tienen que ver con lo anterior y que provienen de otros ramos de la Administración-, debemos decir que el lenguaje inclusivo “ni está ni se le espera”: “estos solicitantes” (disposición transitoria cuarta), “usuarios de títulos multiviaje…”, (disposición transitoria quinta), “beneficiarios” (disposición final segunda), etc. De hecho,  el Real Decreto 931/2017, de 27 de octubre, por el que se regula a nivel estatal la Memoria de Análisis de Impacto Normativo, ya no hizo ninguna referencia a esta cuestión (a diferencia de algún antecedente que aún clamaba por su consideración).

Tenemos, por tanto, una hipótesis interesante según la cual habría ministerios más obsesionados con el furor duplicativo y otros que vivirían felices hablando como el pueblo habla a su vecino. Ese acantonamiento en ciertas oficinas confirmaría el carácter de mera jerigonza de eso que llaman “lenguaje inclusivo”.

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Sábados exclusivos. Mejor el juglar que el charlatán

Detalle del Tapiz de Bayeux, del siglo XI

(Fuente: aquí. Detalle del tapiz de Bayeux, del siglo XI).

En buena hora escritas, estas sabatinas letras, visitaron de Cataluña el condado y en tierras del Rey Jaime aún acosaron de Valencia el Reyno y a sus maestros de obras liosos. Los destrozos contemplaron y grandes calamidades. En tierras riojanas, un vaso de bon vino del mismísimo Gonzalo de Berceo recibieron.

Aún tuvieron tiempo de defender a los vagos y con la estudiantina gozaron gran camaradería. En buena lid, al monstruo vallesano derrotaron. Contra el hampa lucharon, defendiendo a padres e hijos de marrulleros parlanchines. Las funestas  leyes tomaron a chacota. Y fizieron un día inventario de todos los males.

En versos castellanos y lemosinos buscaron la belleza del desdoblamiento, duplicadas peñas en el mar hirviente de la lengua viva. Y en ese camino, mientras se despiden hasta el 29 de agosto y esperan acuarteladas el momento de futuras gestas, honran el Cantar del Mio Cid, que en  el destierro del Campeador escrita dejó una feliz figura –viene su fuerza de su singularidad no reiterada- y cuya belleza jamás gozarán los “inclusivistas” malandrines:

“Mio Çid Roy Díaz por Burgos entróve,

En sue compaña sessaenta pendones;

exien lo ver mugieres e varones,

burgeses e burgesas por las finiestras sone,

plorando de los ojos, tanto avien el dolore.

De las sus bocas todos dizían una razóne:

“Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señore!””

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Sábados exclusivos; Dissabtes exclusius.

Dissabtes exclusius. Catalans! Sense embuts.

(Font:aquí).

1.-M’agraden els discursos polítics. En els moments decisius, marquen el futur molt més que les lleis, treuen la gent de casa seva, obren la imaginació, juguen amb l’esperança i de vegades amb la por…A diferència dels escrits dels especialistes, que tindran una sort diversa, seran rellegits i examinats constantment.

Estem en un camp interessant per a aquestes coses que tractem per aquí sobre el llenguatge, les dones i els homes. Per exemple, en el marc de les dissertacions i les conferències (no sols polítiques, és clar) va  florir una fórmula tradicional de desdoblament, basada en motius de cortesia (sí, ja sé que sona antic): “Senyores i senyors”. Aquesta obertura, per  cert, basava la seva força en que després ja no es repetien les duplicacions fins al límit de l’avorriment.

Avui farem feina i analitzarem com juga això que diuen de manera absurda “llenguatge inclusiu” en tres discursos polítics rellevants de la Catalunya contemporània.

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2.- Comencem per  l’al·locució llegida pel president Companys des del balcó del palau de la Generalitat el 6 d’octubre de 1934. No cal allargar-se sobre el text i el context: situació crítica per a la República (en realitat, tot Europa està bullint),   declaració de “l’Estat català de la República Federal Espanyola”, invitació a establir a Catalunya el Govern Provisional de la República…Després del discurs, de fet, s’inicia un sagnant enfrontament armat i es produeixen diverses alteracions en el funcionament institucional de la Generalitat.

La declaració, per tant, havia d’anar al gra (de fet, és un discurs breu). Comença amb un mot concret: “Catalans”. Parla després dels “ciutadans”, dels “germans” de les terres hispanes, etc. En aquella època, és clar,  ningú estava per duplicacions ni altres galindaines, però fa riure pensar que el President, amb les seves paraules, volia excloure la meitat dels catalans de la seva crida.

Podem extreure reflexions similars del discurs del President Josep Tarradellas en el moment de la seva arribada a Catalunya el 23 d’octubre de 1977. Aquí l’elecció del substantiu inicial va tenir una càrrega política substancial. Es tractava d’apel·lar directament a la ciutadania i no a les condicions d’origen o naixement. Per això va triar el famós “Ciutadans de Catalunya!…”. En la breu proclama, s’al·ludeix repetidament als “ciutadans” i , en algun cas, a “tots els catalans i no catalans”. Suposo que el president respondria amb la seva llegendària ironia si algú li hagués dit que es tractava d’un llenguatge “poc inclusiu”.

Però anem, finalment, a una exposició molt més recent. Em refereixo al discurs del President Puigdemont el 10 d’octubre de 2017 al Parlament de Catalunya. El lloc i el context són, com sabeu, radicalment diferents. També ho és la seva estructura, molt més llarga –a prop de les 3500 paraules- i amb una factura típicament parlamentària. No hi ha desdoblaments. El president parla sols de “catalans”, “voluntaris”, “ciutadans”, “funcionaris”, “impressors”, “informàtics”, etc. És un discurs clàssic, en aquest sentit. Fins i tot apareix a la fase final, com a subratllat retòric, el tradicional “senyores i senyors”.

Aquesta regla només es trenca en dos casos. En un supòsit es dirigeix “als treballadors i treballadores del govern”. Transmetria aquí potser una idea d’acostament als funcionaris concrets i al seu paper. En el segon supòsit, ja al final, parla d’un “futur digne per als nostres fills i filles”. En resum , per tant, dues típiques duplicacions per motius estilístics o de significat i cum grano salis, tal com anoten els lingüistes més solvents.

En el moment crucial de la seva exposició –la declaració d’independència i la suspensió dels seus efectes- Puigdemont utilitza el terme “conciutadans”. Això permetria potser a un exegeta treure punta de les tres invocacions formulades en diferents moments històrics: “catalans”, “ciutadans” i “conciutadans”.

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3.- En realitat, el debat que seguim en aquestes pàgines i que ara continuem té un marc molt senzill. Així, en català ( i també en castellà, francès, portuguès i altres idiomes), es fa la següent divisió:

a) Ús del masculí quan el parlant es vol referir a un subjecte d’aquest gènere. Per exemple: “els dos treballadors van caure de la bastida”.

b) Ús del femení quan el parlant  al·ludeix a subjectes femenins: “només dues noies van presentar la sol·licitud”.

c) Quan el gènere no està marcat o és irrellevant, certament acudim al mecanisme a). Aquest és el pou de la discòrdia, segons sembla. Ho tractarem algun dia amb més calma i mirant els equívocs que hi juguen. Farem només dos avisos: en primer lloc, cal dir que, evidentment, el costum pot canviar de manera natural al llarg del temps (recordeu com s’ha anat esvaint el “vostè”). I, en segon lloc, que de cap manera aquesta pràctica lingüística fomenta desigualtats. Només cal comparar els idiomes que la segueixen amb els que no ho fan.

Dit això, serà fàcil comprendre que és important que els dirigents polítics parlin dels “catalans” com a expressió de condició política[1], independentment del seu sexe (o del seu gènere, pels que siguin més refinats). És la manera perfecta d’evitar discriminacions, marques i separacions i és, a més, en català, la forma correcta d’apel·lació directa a la comunitat política. Sense fer dues files.

Els tres discursos que hem vist van ser pronunciats en  circumstàncies molt diferents. Totes elles, delicades i fins i tot convulses. Però els tres presidents van tenir una sort comuna: els seus papers no van ser revisats prèviament per un delegat de l’oficina de “llenguatge inclusiu”.

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[1] Com que aquest tema és etern i sempre tenim la cançoneta darrera l’orella, ja aviso que aquesta noció de condició política s’interpreta en un sentit ampli i és aplicable als ciutadans d’un Estat independent, d’un Estat federat o confederat, d’una Comunitat Autònoma, d’una Regió o fins i tot –amb una certa llicència- a veïns d’una entitat local amb una àmplia capacitat de decisió (encara que això últim és més històric –recordeu els burgesos i els seus burgs- que actual).

Sábados exclusivos. La viga mal puesta de los aparejadores valencianos.

(Fuente: aquí).

1.-Transcurrida la ya anunciada pausa, vuelven los sábados exclusivos con renovados bríos. Perdonen la gastada introducción, pero es que no puedo perder más tiempo en prolegómenos cuando veo la perla que hoy tenemos ante nosotros. Nada menos que el “Decreto 87/2022, de 1 de julio, del Consell, de cambio de denominación del Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de la Edificación de Valencia, por la de Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras, Arquitectos Técnicos y Arquitectas Técnicas de Valencia.” (DOGV de 12 de julio, donde puede consultarse la edición valenciana).

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2.-El Decreto es un compendio de las características de eso que llaman impropiamente “lenguaje inclusivo”. Vayamos al grano:

a) Imposición arbitraria desde arriba. En efecto –según el Preámbulo- nuestros amigos aparejadores presentaron el 30 de diciembre de 2020 la solicitud para modificar los estatutos de su corporación profesional. El 25 de marzo de 2021 la Subdirección General de Entidades Jurídicas y Recursos Materiales de Justicia formuló reparos y solicitó que se subsanaran las deficiencias. En noviembre de 2021 “el Colegio presentó documentación complementaria, que incluía el cambio de denominación del Colegio y subsanaba los reparos formulados”. El 9 de febrero de 202, el Colegio “presentó el certificado del secretario, con el visto bueno del presidente, en el que se indicaba que la Asamblea General Ordinaria del colegio, celebrada el 14 de diciembre de 2021, aceptaba el cambio de denominación del Colegio”.

b) Vulneración de reglas lingüísticas elementales y sustitución  por otras sacadas de la chistera. Es verdad que el preámbulo no llega a afirmar que el sintagma “Colegio Oficial de Aparejadores…” no incluye a las mujeres que ejercen la profesión (eso sería falso). Ahora bien, se inventa la “regla de la visibilidad”. En efecto, se nos dice que el cambio “pretende visibilizar una nueva realidad como es el avance significativo hacia la igualdad de género en la profesión”. Y nos da, al respecto, dos argumentos:

-En las dos últimas décadas la presencia de la mujer en la arquitectura técnica se ha incrementado en el ámbito universitario, hasta alcanzar el 45% de los estudiantes de arquitectura técnica.

-El porcentaje de mujeres que ocupa puestos en los órganos de gobierno de los distintos colegios profesionales alcanza cifras próximas al 30% de los cargos representativos.

De entrada, podemos estar tranquilos ya que, con respecto al pasado, parece que el uso del masculino para el género no distinguido no ha impedido el avance de las mujeres. Es decir, no era tan horrible. Pero, en segundo lugar, hemos de discutir el carácter caprichoso de las reglas: ¿se ha de desdoblar a partir del 45% de estudiantes? ¿Y por qué no a partir del 51%? O, mejor aún –si se trata de “dar visibilidad”, ¿Por qué no hacerlo a partir –por ejemplo- del 5%, precisamente para reforzar a  las pioneras? Toda esta idea artificial de la visibilidad es un capricho ideológico que los hablantes no tienen por qué tragarse (y menos aún la Administración Pública). Y, si se acepta, al menos que se propongan salidas con más gracia y no la cargante duplicación.

c) Fealdad e incorrección. La denominación elegida está mal construida. Veámosla con calma:

“Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras, Arquitectos técnicos y Arquitectas Técnicas de Valencia”

Si no hubieran desdoblado, la correspondencia –siguiendo su redacción- sería esta:

“Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos”

En efecto, falta la “y” como enlace, pero el Consell y el Colegio la olvidaron, quizá porque el resultado inevitable sería éste:

“Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras y Arquitectos Técnicos y Arquitectos Técnicas”.

Ciertamente, una losa (incluso para un aparejador o para una aparejadora). Afortunadamente, los ingenieros agrupados colegialmente corrigieron una catástrofe mayor y, expulsando previa sentencia judicial su sagrada alusión, impidieron que la denominación final hubiera sido ésta (tal como la querían redactar):

“Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras, Arquitectos Técnicos y Arquitectas Técnicas, Ingenieros de la Edificación e Ingenieras de la Edificación”.

d) Mentira y puro postureo. Ya el mismo Decreto no se toma muy en serio lo que promulga y, en el mismo preámbulo, se refiere a “los estudiantes de arquitectura técnica”, sin necesidad de desdoblar con “los estudiantes y las estudiantes”. Por otra parte en la web del colegio oficial se sigue hablando de “Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Valencia”. Ya se sabe que las cosas de palacio van despacio (aunque aviso que esto va a molestar mucho a los señores y señoras ingenieros). Pero, a lo largo de toda la web, el Colegio que admitió (no sé si a regañadientes) aquel cambio de denominación hace más de medio año sigue hablando –como es lógico- de ciudadanos, colegiados, constructor, arquitecto técnico, consumidor, propietario, usuario…Toman el mando una elemental economía del lenguaje y el respeto a las reglas que se han ido configurando por los hablantes. Atención: esto no quiere decir que en el futuro no se produzcan transformaciones naturales al margen del BOE, como suele ocurrir con profesiones hasta ahora muy marcadas (por ejemplo, las enfermeras o las azafatas que, curiosamente, están viviendo el proceso contrario).

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3.-En definitiva, esperemos que nuestros estimados aparejadores y arquitectos técnicos de Valencia mantengan con la escuadra y el compás una habilidad mayor que la que mostraron con la lengua. Una profesión tan constructiva no merece esta gramática destruida.

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Sábados exclusivos; Dissabtes exclusius.

Sábados exclusivos. La desprotección de los zánganos.

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[Fuente: aquí].

1.-Me sorprendió la aparición pura  y simple de “los trabajadores” en el Real Decreto 395/2022, de 24 de mayo, por el que se modifica el Real decreto 665/1997, de 12 de mayo, sobre la protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes cancerígenos durante el trabajo. Por todo el texto se renuncia a la duplicación –¡qué descanso!-  e incluso, de cara al futuro, se afirma inequívocamente lo siguiente en la Exposición de motivos (la negrita es nuestra):

Con este real decreto se avanza en el cumplimiento de la meta 8.8. de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, es decir, en proteger los derechos laborales y promover un entorno de trabajo seguro y sin riesgos para todos los trabajadores, incluidos los trabajadores migrantes, en particular las mujeres migrantes y las personas con empleos precarios.”

Obsérvese en este último párrafo que el legislador admite –como es lógico, claro- que dentro de los trabajadores se incluyen las mujeres. Así ha sido siempre y durante toda la vida, pero parece que un signo de nuestra era consiste en descubrir mediterráneos tres veces por minuto.

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2.-Ya iba a salir por el pasillo cantando “La Internacional”, cuando me di cuenta que una gran parte de las menciones a los trabajadores derivaba de la cita de normas jurídicas de los años (entre otros) 1990, 1997 y 2020. Eran tiempos en los que la gente hablaba con normalidad y no había que retorcer las palabras.

Sin embargo, la nueva norma impone un régimen de mayor seguridad para las “personas trabajadoras” (sí, ya salió la cursilada). Son esas personas las que, a partir de ahora, se beneficiarán de una menor exposición a los agentes cancerígenos. Nos lo dice inequívocamente la exposición de motivos:

El real decreto responde al principio de necesidad, en tanto que atiende a las razones de interés general de llevar a cabo la transposición de una directiva europea, así como de mejorar la seguridad y salud de las personas trabajadoras; […]”

La expresión “personas trabajadoras” es fácilmente interpretable. Basta entrar en un taller de Eibar o de Tarrasa o en una oficina del norte financiero madrileño para escuchar al encargado o al mismísimo empresario decir con orgullo sobre su mejor empleado: “es una persona trabajadora”. Incluso comentan a veces con especial fruición: “es una persona muy trabajadora”.

Esto quiere decir que los nuevos índices de exposición a agentes cancerígenos no se van a aplicar a las personas que no sean trabajadoras. Insisto, tal como dice la norma: sólo se tendrán en cuenta para las personas trabajadoras. Los ganduletes aún podrán ampararse en los valores precedentes (más agresivos), porque esos sí que servían expresamente para todos los trabajadores. Estamos ante una manifestación implacable de estajanovismo normativo.

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3.-Ciertamente, ya hace un par de años que Álex Grijelmo anotó en el diario El País (26-IV-2020) que no es lo mismo la palabra trabajador como sustantivo que como adjetivo. De hecho, narra Darío Villanueva en Morderse la lengua. Corrección política y posverdad, que algún empresario espabilado ya ha intentado aplicar mejoras laborales sólo a las “personas trabajadoras”, tal como indicaba  textualmente la norma progresista. En conclusión, le espera a la Inspección de Trabajo un largo camino para asegurar, de acuerdo con el art. 14 de la Constitución, la tutela de los vagos, desatendidos por una normativa repipi y relamida.

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Dissabtes exclusius. Un reglament horrorós.

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1.-El Reglament de la Facultat de Veterinària de la Universitat Autònoma de Barcelona, aprovat el 15 d’abril del 2021, és un dels monuments legals més carregosos, lletjos i incoherents en això que s’ha qualificat ridículament com a “llenguatge inclusiu”. És una norma tan pedant que ha portat al màxim les obsessions habituals, ha reciclat formes barroeres que semblaven ja descartades i s’ha tret de la màniga “solucions” que no existeixen enlloc.

No podem tractar ara tota la faramalla plúmbia i habitual  d’”alumnat”, “professorat”, ”personal investigador” “persona representant”, “persona fedatària”, “un estudiant o una estudianta”, etc.  No es deixa ni un dels disbarats que hem anat explicant les darreres setmanes en aquesta secció. Per a donar el to, podem emprar aquesta frase com a diapasó (art. 28.1):

Els coordinadors i coordinadores de grau són anomenats/des pel rector o rectora a proposta del degà o degana, […]”.

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2.-Els estudiants reben fort aquesta vegada. A l’art. 8.4 ja se’ls cataloga amb una camisa un pèl maoista com a “col·lectiu d’estudiants”. Bé, cal agrair que  a penes han tret “l’estudiantat” (art. 32.2) però, curiosament, s’han inventat una regla cada cop que apareix la paraula “estudiants” en plural: escriuen “estudiants/tes”. Vés a saber com es pronuncia, però no devien quedar gaire contents i van tornar a pecar amb les formes de tota la vida  en preceptes de gran rellevància. En concret:

-Apareix un “Consell d’Estudiants” com una casa al tíatol de la secció tercera i a l’article 32.

-I, encara pitjor, a l’art. 17.2 es parla d’”organitzacions d’estudiants estatals i internacionals” (potser, en el seu marc mental, no volen que les noies formin part d’aquestes organitzacions ja que, si no, haurien dit “organitzacions d’estudiantat” o d’”estudiants/tes” o alguna aberració similar).

Els suplents tampoc agraden gaire a aquesta norma, ja que surten per tot arreu redaccions de dubtosa correcció o realment forçades com, per exemple, “substituir pels i per les suplents corresponents”.

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3.-Ara bé, sense dubte el gaspatxo arriba al paroxisme amb el mot “membres”, on ja fa anys que l’”inclusivisme” hi té la proa posada. La cosa comença forta quan, als primers articles, s’insisteix una i altra vegada en una farfolla que no és fàcil llegir (arts. 7, 8, …):

Els/les membres no nats/nates…”

La duplicació paranoica es relaxa a l’article 15, on ja només apareixen “membres nats” (ja sense nata ni escuma) i “membres escollits”. La tranquil·litat dura poc, ja que a l’article 16 mantenim els “membres nats” (la indigestió havia estat forta), però ens referim als “membres escollits/des”, amb la barra gimnàstica pel mig. Aquest criteri (per dir alguna cosa) es repeteix als articles 17, 18 i 19.

Però després ja es nota que el tremp torna a afluixar i a l’article 24.1 es parla “d’un terç dels membres” (però no havíem dit que eren “els/les membres” als preceptes inicials?). La nata també la treuen a l’article 28.1, on es mencionen sense pietat i per dos cops consecutius els “membres nats” (com tota la vida!). Sembla que el redactor li ha agafat gust a aquestes formes tradicionals i a l’article 29.1 insisteix, com acabo de dir, en els “membres nats”.

Però, senyores i senyors, dura poc l’alegria en casa de “l’inclusivista” de guàrdia. Amb una reacció valenta als articles finals (els juristes ja saben que solen ser perillosos), sant tornem-hi amb “un o una membre del PDI”  i “els i les membres” (a l’article 30). Un altra combinació vibrant “els i les membres” a l’article 35 acaba amb la coherència per terra quan ens diu que aquests “són nomenats” i se’ns oblida el “nomenades”, encara que fos amb una barreta discreteta.

El final és ja demencial (al mateix art. 35), amb una coordinació desballestada:

El cessament dels i les membres del Consell Assessor…”

Home, dins del caos potser caldria haver millorat l’empastifament amb un “El cessament dels i de les membres…” o encara amb un pessadíssim “El cessament dels membres i de les membres del Consell Assessor…”

Es nota que en aquest article el  legislador ja anava esbojarrat i el subconscient li fa treure el monstre d’un estrany masculí genèric:

És obligació del degà o degana de la Facultat el informar a la Junta de Facultat dels nomenaments i cessaments…”

Bé, en aquest cas sí que calia treure l’article “el”. Una  equivocació similar ja apareixia a l’art. 29.1 quan s’escrivia en masculí per a gènere no marcat a un supòsit on no era pertinent:

Les persones coordinadores de màster els nomena el rector o rectora…”

         En efecte, calia un “les nomena”. Potser  va somniar aquest cop la frase pecaminosa i normal que vindria aquí com anell al dit: “El coordinador de màster el nomena el rector…”

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4.-No es tracta de ser un llepafils filològic. Però no està de més recordar que aquest reglament tindrà com a destinataris naturals uns estudiants que no es mereixen que una universitat pública s’inventi un argot empatollat que ningú sap d’on surt i que els puc assegurar que no tindrà un efecte alliberador per a ningú. I també cal anotar que aquest festival de puntades de peu a la nostra llengua no és la millor manera de defensar el català, malgrat les solemnes declaracions de les autoritats acadèmiques.

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Precios de papel y plástico se han derrumbado, ahora, funcionarios locales están cobrando más por recolectar materiales reciclables y llevarlos al vertedero.

Fuente: Green America.

Dissabtes exclusius. Un manifest discriminatori de la Comissió de Llengua del Consell de l’Advocacia Catalana.

   1.-El 21 d’abril del 2022 la Comissió de Llengua del Consell de l’Advocacia Catalana va publicar un manifest amb la lloable exigència d’estendre l’ús del català a l’àmbit judicial. En un dels seus punts precisa que “encoratgem, engresquem i il·lusionem les advocades i advocats a fer ús del català de manera habitual i sense por, en totes les seves actuacions orals i escrites”.  Aquesta moda duplicativa ja havia aparegut al preàmbul del manifest, on s’indica que el Pla de Foment del Català “té el compromís de més de mil advocades i advocats inscrits”. Bé, es veu en aquest darrer cas que les advocades no s’han inscrit, però queda clar que hem d’escriure sempre advocades i advocats –segons sembla- quan ens referim al gènere no marcat.

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2.-Dit això, no s’entén perquè en el punt 3 del manifest es diu “Reclamem als jutges…”. Home –perdó- hauria de ser “reclamem als jutges i jutgesses” (cosa que es reforça tenint en compte que ja la meitat de la plantilla són dones). O, millor encara, “ reclamem a les jutgesses i als jutges”.

El mateix hem d’indicar quan es fa referència a la provisió de places judicials. Al manifest precisa que són places de “Jutges”. Vol dir que, subreptíciament i patriarcalment, ja s’exclouen les jutgesses? L’error segregador es reitera amb les places de “Magistrats” (on són les “magistrades”?) i de “metges forenses” (doncs també “metgesses forenses”).

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3.-La discriminació  arriba al màxim quan,  a les dues rellevants  aparicions de la noció d’“operador jurídic” (una mica teòrica, però s’entén), no es fa en cap moment la necessària referència a les operadores jurídiques. Estem davant una evident expressió de masclisme a l’àmbit de les professions lligades amb el Dret. Hi ha operadors jurídics i operadores jurídiques. I ambdós i ambdues han d’aparèixer (perdoneu l’embolic que m’he fet, però crec que es capta).

Tampoc podem acceptar, en fi, l’al·lusió al “principi [de] que l’administrador ha d’estar al servei de l’administrat”. Hi ha administrats i administrades (a l’administrador el deixarem sol perquè ja es veu que és un senyor llunyà i dolent, però no comprenc per què no  s’obre el camí a les administradores).

En conclusió, com ja dèiem al començament, una magnífica iniciativa en favor del català que, a més, no es pot veure enterbolida per les marginacions que hem ressenyat. De tota manera, també  impulsaríem aquesta llengua si la féssim menys artificial, més viva, clara i catalana.

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1.-Una buena manera de examinar el funcionamiento de esos trampantojos que se llaman “lenguaje inclusivo” consiste en observar su uso en un texto científico. He tomado como ejemplo un magnífico trabajo de Cristina Enguita-Fernández, que lleva el título de “Indigenismo mbroro: algunas claves para una lectura en femenino” (2021)[1]. Es una reflexión  interesante por sus objetivos y por sus resultados: el análisis de la posición de las mujeres y las diferencias sociales y de perspectiva de ambos géneros en la construcción y actuación de esa comunidad. Se trata de un grupo de indígenas dedicados al pastoreo que se incluyen –con llamativas peculiaridades- dentro de la gran categoría étnica peul (o fulani, fulbe o fula). Se sitúan principalmente en Camerún.

Durante las casi treinta páginas del estudio no hay ninguna concesión a las duplicaciones, abstracciones y complicaciones “inclusivistas” (con las excepciones que precisaré luego). Por todo el texto figuran sin complejos (afortunadamente) los “primeros habitantes”, los “habitantes primigenios”, los “africanos indígenas”, los “observadores”, los “cazadores-recolectores”, “los mbororo”, “los baka”, “los fulbe”, “los musulmanes”, “aquellos a quienes designaba”, “para nosotros”, ”sus “hermanos fulbe”,  etc. Incluso, en una lista en la que aparecen autores y autoras, se limita a decir –sin aspavientos- “otros autores” (p. 36, nota 34).  En definitiva, una redacción clara y sin retorcimientos.

Ahora bien, como he avisado, “todo se pega menos lo bonico” y, por tanto, hemos de enfrentarnos con tres apariciones concretas del dogma inclusivista. La primera es  admisible y puede reforzar la idea de que tanto los muchachos como las muchachas van actualmente a la escuela: “el aumento de las tasas de escolarización entre las y los jóvenes mbororo”.

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2.-Sin embargo, lo cierto es que la fealdad se introduce luego en forma de barras burocráticas. Perdonarán ustedes mi perspectiva, pero es que no le veo la gracia a este hábito de escribir  reiteradamente con palotes de impreso de oficina. El primer caso aparece en página 253: “Sea como sea, ellas representan ese juego de fuerzas entre lo que los/las propios/as informantes llaman la “tradición” y lo que consideran estrategias de adaptación a los tiempos actuales”. Bastaba referirse a los informantes de ambos sexos (incluso, creo que hubiera reforzado la idea). La fórmula se reutiliza en página 256, donde se habla de “los testimonios aportados por los/las informantes”. Estas citas corresponden al epígrafe 5 del estudio (antes de acabar con un sexto para las conclusiones).

No obstante, ahora que lo releo, es cierto que –de manera imprevista- la varilla había asomado sin venir a cuento en el título del epígrafe 2: “Los/as mbororo en Camerún: el recorrido sociohistórico de un término”. Es curioso, porque luego, como ya dije anteriormente, la autora se olvida de este artilugio y escribe con normalidad en todo el texto. Ustedes se preguntarán por qué le tengo tanta manía a los palotes, pero les confieso que es a causa  de mi torpeza cognitiva: nunca sé si hay que pronunciar “los y las mbroro”, “los mbroro y las mbororo”»los-barra-las mbroro», «los mbroro-barra-las mobroro» o “loslas mbroro” (problemillas derivados de que no coincide lo que pone con lo que se ha de decir).

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3.-En fin, justo es reconocer que el escrito ha pasado bien la prueba de este inquisidor puntilloso. Felicito a la autora por la solidez de su argumentación. Por eso la escogí, porque es una  investigación seria sobre una cuestión relevante. A mí me ha servido para convencerme aún más de la inutilidad de los mecanismos “inclusivos” para la redacción de trabajos científicos.

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[1] Publicado en Revista d’Estudis Autonòmics i Federals. Journal of Self-Gouvernment, 34 (Diciembre 2021).

(Fuente de foto:aquí).

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Dissabtes exclusius. Contra l’alumnat.

Per a fugir dels desdoblaments carregosos –bombers i bomberes, nens i nenes, marrecs i “marreques”- , el dogma “inclusivista”  fa ballar per tot arreu unes abstraccions grises i encara més feixugues. A les escoles i universitats campen per aules i passadissos “el professorat” i “l’ alumnat” (en altres llocs també s’abusa de “la ciutadania”, “l’advocacia”, etc.).

D’entrada, cal dir que la  substitució indicada hauria de tenir un ús més reduït. Veiem les raons:

…    Primera.-“L’alumnat” és la classe dels alumnes i això no és exactament igual als alumnes concrets als quals ens referim. Així, podem  queixar-nos de les condicions retributives del professorat (ja es veu que és un tema burocràtic i impersonal), però és difícil que el professorat passegi pel campus. L’alumnat no es matricula, són els alumnes els que es matriculen.

…    Segona.-L’abús de les abstraccions  converteix els  rostres amb cara i ulls en blocs categorials. És lleig, forçat, i fins i tot ridícul.

….Crec que tots entenem que  no és el mateix parlar dels alumnes (alegres, enriolats, cansats, ganduls, saberuts, espavilats, …), que de l’alumnat. Sembla una llenca de ciment ficada a sobre dels bancs. L’avi Marx va estudiar les condicions  estructurals del proletariat, però quan va fer una crida revolucionària no va dubtar: “proletaris de tots els països, uniu-vos”.

…   Tercera.-Totes aquestes voltes les fan per a evitar –diuen- el masculí genèric, que opera en català  per al gènere no marcat. Com és sabut, això no té res a veure amb el sexe, però embolica que fa fort. Ara bé, el resultat final es que acaben emprant sense fre un altre masculí genèric: l’alumnat, el professorat, l’estudiantat (aquest no rutlla, oi?)…Per a aquest viatge no calien alforges.

Per circumstàncies que no venen al cas, porto uns dies remenant reglaments universitaris dels anys noranta del segle passat i començaments d’aquest. Encara es parlava tranquil·lament de professors, acadèmics i alumnes. Ara bé, amb un típic biaix classista, als companys que feien d’administratiu o de conserge ja els havien  ficat a la bossa conceptual del “personal d’administració i serveis”, el “PAS”. Se m’ha acudit defensar que a la Universitat tornin els professors, els estudiants, els tècnics, els administratius i els treballadors,…però no sé si això agradarà al nou clergat.

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Font:aquí.

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Sábados exclusivos. Si es decisivo, dejémonos de gaitas.

1.-Al eliminar el principio de economía del lenguaje, eso que llaman “jerga inclusiva” muestra una de sus características esenciales: es cansado y cansa. En realidad, los que lo usan (o, al menos,  defienden su empleo) no suelen pasar del primer párrafo en un discurso o de dos o tres recordatorios en un texto más largo. Desde luego, en el lenguaje coloquial o periodístico su presencia es muy reducida. Y, cuando hay que decir algo importante, desaparece del mapa. Vamos a ver un par de ejemplos.

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2.-El primero corresponde a Pedro Sánchez. No es que el presidente del Gobierno haya puesto el acelerador en este tema, aunque es muy cansino con lo de “españoles y españolas” como adorno de salón. Sin embargo, en recientes entrevistas tuvo que lidiar con los datos borrosos suministrados a la Fiscalía española por el Rey emérito. La situación es delicada para el Estado. El Presidente, lógicamente, quiso ser contundente y, en unas declaraciones televisivas ampliamente reproducidas, no dudó:

“El presidente del Gobierno, en tono serio, señaló después de leer ese texto que Juan Carlos I aún “les debe una explicación a los españoles””.

El texto lo recojo de una noticia de El País de 8 de marzo del 2022. Desde luego, a nadie se le ocurre pensar en que las españolas no merezcan esa explicación.l  Por supuesto, el resto de la noticia, ya bajo la batuta del redactor, sigue en la misma línea y comenta que el Presidente “fue más lejos que todos sus ministros en la valoración de los hechos conocidos ahora sobre Juan Carlos I.” La frase es perfecta y todo el mundo entiende que se trata del género no marcado (ya que es evidente que en el gobierno de Sánchez hay ministros y ministras).

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3.-La segunda muestra nos la trae la mismísima Ministra de Igualdad, Irene Montero.  Es un caso significativo porque Montero ha apurado hasta la hez el cáliz de las duplicaciones cargantes. Sin embargo, ante el delicado reto de definir la “diplomacia de precisión” como solución a la guerra entre Rusia y Ucrania  afirmó que:

“»La paz siempre se hace con el enemigo, si no hubiese guerra no sería necesaria la paz. […]”.

Además, apostó por «la diplomacia de precisión, la altísima política», que es «defender la negociación, la observación internacional de ese diálogo entre enviados del Gobierno de Rusia y del ucraniano»».

Por supuesto, está bien expresado. Los micrófonos estaban pendientes (dadas las disensiones en el Gobierno) y el mensaje debía ser rápido y exacto. Ahora bien, en la gramática extenuante de Irene Montero, lo lógico hubiera sido decir que “la paz se hace con el enemigo y con la enemiga” (si “la enemiga” queda fuera, quiere decir que con ella no es posible la paz).

Por otra parte –y esto es más grave- al hablar sólo de “enviados”  su mente queda inundada por el supuesto código heteropatriarcal y excluye a las mujeres de la actividad diplomática. En efecto ¿No puede haber mujeres embajadoras? El tema es preocupante porque expulsa  a las mujeres de la actividad diplomática que es, según su discurso, la gran constructora de la paz.

En definitiva, el jueguecito de “lo inclusivo” se olvida cuando uno se juega una consigna breve y relevante. Quizás, en el fondo todo esto no es más que un selfie, una pantomima (para evitar el anglicismo, que os veo venir).

Leo Messi y Antonella Roccuzzo haciéndose un selfie frente al espejo - El  discreto noviazgo de Leo Messi y Antonella Roccuzzo - Foto en Bekia  Actualidad

(Fuente de foto).

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