Vamos a examinar una premisa incómoda de la mano del profesor Arruñada. El punto de partida es real: tanto la enseñanza pública como la concertada van quedando afectadas por los mismos principios, por el mismo adoctrinamiento e idéntica modorra. La afirmación fuerte del autor es que también la educación privada se va cubriendo con esos lodos. Si decimos que nuestro medio social sobreprotege a los hijos ¿Por qué iba la escuela a ser diferente? El aula como espacio amodorrado, discretamente lúdico, anodino, respetuoso incluso con el desorden y la mala educación…En algún punto, la pintura podría ser excesiva, pero no se aleja demasiado de la realidad. Curiosamente, por mi experiencia, a un grupo entusiasta de alumnos –siempre pocos, siempre creciendo, siempre con la esperanza de que sean más- les encantan los retos, forzar la máquina, salir del líquido amniótico del vientre comunitario que les han tocado. De hecho, son la única esperanza dentro del magma de padres, profesores, administradores y políticos aclimatados en la suave decadencia.
El mejor escribano echa un borrón. Y todos nos equivocamos. Hoy, el ordenamiento jurídico es, casi en su totalidad, un texto depositado en un archivo informático. De hecho, un par de golpes en el teclado adecuado o un ataque informático de alta precisión podrían hacerlo desaparecer. Se iniciaría entonces una fase de prueba del Derecho aplicable en cada uno de los procesos (como ocurrió en otras fases históricas).
Dejando de lado este futuro distópico, lo cierto es que es inevitable la acumulación de errores en las publicaciones oficiales. Es más, incluso es posible que estemos en un período especialmente preocupante. Esto es lo que algunos afirman a raíz del último y espectacular desliz en el BOE, que derogó la Constitución y otras normas. Sobre ello, me remito a estos dos artículos:
Este tipo de defectos podrían ser calificados como “errores sistemáticos”, en la medida en que algún problema en el sistema informático provoca tales disfunciones. Por ejemplo, un conjunto de normas derogado de golpe.
Existe también lo que podríamos llamar “error ideológico-político”, motivado por el atropello y el deseo de imponer a toda costa –con merma incluso del Estado de Derecho- el propio mensaje (una especie de “agit-prop” con pintadas en las paredes de la ley). Lo veíamos el otro día en nuestro artículo “Quítate tú, que me pongo yo”*, dentro de los “Sábados exclusivos”. Ahí entran algunas de las mamarrachadas gramaticales propias del llamado “lenguaje inclusivo”. Sin embargo, ello nos pone en contacto con otro desacierto que tiene una sustancia propia: el error por impericia lingüística, que se manifiesta en redacciones deficientes, contradictorias u oscuras. Las frases kilométricas y abstrusas que estamos leyendo en los últimos años proclaman el gran momento que vive esta escritura disparatada.
Por último, tenemos el “error humorístico”, la chispa del escribano, que defiendo absolutamente y que nos muestra los límites de nuestra condición. Ya lo estudiamos en aquel delicioso ejemplo comentado en “También en el tiempo”**.
Seguramente, esta pequeña nota tiene varios fallos. Es más que probable, además, que el mismo ser humano sea un lamentable dislate evolutivo. Ordenemos, pues, estas perlas preciosas (reflexionando sobre sus efectos, por cierto) antes de que el tiempo borre definitivamente la distinción entre lo bien hecho y lo mal hecho.
Hace tiempo que empecé a leer a Cristina Argelich Comelles. Me sorprendió por su capacidad de romper el “lenguaje políticamente correcto” en materia de vivienda y por enfocar la cuestión con modos liberales pero sin retirar la protección a la parte más débil (como buena civilista que es). Ha tenido la mala ocurrencia de publicar una monografía en la que desmenuza las claves de la ya inminente Ley de Vivienda (digo mala ocurrencia porque sé que voy a tener que sacar tiempo para leerla y será de consulta obligada). En el artículo suyo que hoy traemos por aquí, ya se avanza a los acontecimientos y propone una reforma –contra más rápida, mejor- de lo que ahora vaya a aprobarse. Me ha llegado al alma su crítica a la mala redacción del proyecto (un clásico de estos últimos años). Les dejo con este artículo (un aperitivo de su reciente libro) y les recomiendo que vayan haciendo una hucha –si pueden- para afrontar lo que se viene encima.
La professora Judith Gifreu exposà el dimecres 12 d’abril al seminari “Innova Dret” el seu ampli projecte de pràctiques dels estudiants de diverses facultats, realitzades de forma interdisciplinar. La idea rau en configurar equips de diverses llicenciatures i oferir un catàleg de treballs a les institucions interessades –principalment, és clar, els Ajuntaments. Aquests grups farien unes pràctiques o una recerca final de grau vinculats a l’Agenda 2030, als objectius de desenvolupament sostenible i a les agendes urbanes.
Amb els criteris mencionats, s’intenta evitar l’estudiant-paracaigudes, que cau en una oficina a fer una feina sense que ni el seu tutor ni ell mateix sàpiguin massa bé què cal fer. Tenint en compte la capacitat de treball de la Dra. Gifreu –que amb un peu llaura i amb l’altre entaula- no tinc cap dubte que el pla serà un èxit. A més, la Judith ja duu molts anys d’escola en el municipalisme català i això li permet situar la labor dels universitaris dins l’oceà administratiu. Fins i tot, els esbossos que ens va explicar tenen un aire de canvi radical que potser no serà fàcil d’encaixar a les graelles burocràtiques. Com m’agradaria recomençar els meus vells estudis i i integrar-me en aquests comandos pacífics de joves que tracten coses diferents i connecten els seus escrits i els seus interrogants!
Periódicamente, se anuncian los funerales por las universidades. Sin embargo, aunque a veces los achaques se palpan, parece que el enfermo disfruta de una magnífica mala salud. Traemos hoy aquí un artículo de Alberto Olmos que pone el dedo en algunas llagas. Desde luego, es un debate abierto que va a acelerarse. Ahora bien, lo que me parece interesante anotar es que, a más adoctrinamiento ideológico, peor universidad. Es decir, si la universidad pretende adornar o construir sus estudios con las bagatelas supersticiosas de estos últimos años, estamos evidentemente ante una institución inútil. Toda esa pedrería luce mucho mejor en Twitter y en los cursillos subvencionados por cualquier ministerio. Sólo si se va a estudiar Biología (una ciencia ya casi revolucionaria, por cierto), Física, Lógica, Matemáticas, Historia del Arte o incluso Derecho, podrá tener el alma mater algún sentido.
2.-El supuesto que vamos a ver ha sido ya ampliamente aireado entre los especialistas y la chapuza ha corrido alegremente por las redes sociales. Si consultan ustedes al diligente compilador del BOE, observarán que aparece esto al consultar el art. 16.1.c) del Real Decreto Legislativo 5/2000, de 4 de agosto, por el que se aprueba el Texto refundido de la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social (LISOS). Se trata, en concreto, de una infracción muy grave en materia de empleo, expuesta en estos términos en el boletín oficial y acompañada de la nota de duda existencial redactada por algún atento funcionario:
“c) Solicitar datos de carácter personal en cualquier proceso de intermediación o colocación o establecer condiciones, mediante la publicidad, difusión o por cualquier otro medio, que constituyan discriminaciones para el acceso al empleo por motivos de edad, sexo, discapacidad, salud, orientación sexual, identidad de género, expresión de género, características sexuales, nacionalidad, origen racial o étnico, religión o creencias, opinión política, afiliación sindical, así como por razón de lengua, dentro del Estado español, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
c) Solicitar datos de carácter personal en los procesos de selección o establecer condiciones, mediante la publicidad, difusión o por cualquier otro medio, que constituyan discriminaciones para el acceso al empleo por motivos de sexo, origen, incluido el racial o étnico, edad, estado civil, discapacidad, religión o convicciones, opinión política, orientación e identidad sexual, expresión de género, características sexuales, afiliación sindical, condición social y lengua dentro del Estado.
Téngase en cuenta que se modifica la letra c) del apartado 1 por la disposición final 1.2 de la Ley 3/2023, de 28 de febrero, Ref. BOE-A-2023-5365 y, con la misma fecha de publicación oficial y entrada en vigor, se vuelve a modificar la letra c) por la disposición final 6.4 de la Ley 4/2023, de 28 de febrero. Ref. BOE-A-2023-5366. Se muestran ambas redacciones.”
“
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3.-De lo anterior se deducen algunas consecuencias interesantes:
a) Banalización del ius puniendi estatal. Toda la literatura sobre la moderación en los castigos se viene abajo cuando se observan estas infracciones bajo escasa reflexión cuya comisión significará miles de euros para el particular (en concreto, entre 7501 y 225.018 euros), además de otras responsabilidades accesorias.
b) El legislador no tiene un concepto claro de la igualdad. En el texto constitucional se partió del juego tradicional entre la igualdad ante la ley (art. 14CE) y el avance progresivo hacia la igualdad sustancial (por ejemplo, art. 9.2 CE). Sin embargo, los últimos tiempos han alumbrado desigualdades ante la Ley respaldadas por el Tribunal Constitucional y, además, han proliferado los estatutos diferenciadores de grupos y conjuntos de particulares. Esta multiplicación de privilegios (en el sentido estricto de lex privata) se quiere compensar políticamente con una retórica ilimitada de precisiones sobre la desigualdad. Es un buen ejemplo de ello el precepto que hemos transcrito.
c) Teniendo en cuenta que en el BOE no consta la hora de publicación y sólo se atiende a la fecha, es posible que la redacción dada al art. 16.1.a) de la LISOS por la Disposición final primera de la Ley 3/2023, de Empleo, sea la regla con un plazo de vigencia más corto en la historia del Derecho español. Esto, no obstante, suponiendo que el nuevo art. 16.1.c) de la Ley 4/2023 haya derogado tácitamente el texto promulgado en la Ley 3/2023. En realidad, la situación podría ser más inquietante: elart. 16.1.c), en la redacción dada por la Ley 3/2023, jamás existió. Justo cuando iba a integrarse en el ordenamiento, en la misma fecha, fue ya derogado por la Ley 4/2023. Como máximo, vivió mientras los ojos de los destinatarios no habían pasado de la Ley 3/2023 a la Ley 4/2023 del mismo boletín. El BOE, pues, también fue visitado por la primavera y quiso revivir, a su manera, la inmortal letrilla de Quevedo: “¿De qué sirve presumir, /rosal, de buen parecer,/si aún no acabas de nacer/cuando empiezas a morir?”.
Alejandro Molina se sorprende ante la irrupción de “monomarental” en el proyecto de Ley de Familias. No es una de las burradas más gloriosas e incluso goza de alguna línea de defensa, no crea. La neolengua inclusiva ha alcanzado cotas de mayor ridiculez, como venimos desgranando humildemente en nuestros “sábados exclusivos”. Siempre pienso que voy a cerrar la sección, pero luego me arrepiento ante una nueva joya de tontería a la violeta. Es cierto que no comenté el “sexilio”, que se me salía un poco del tema y que ya iba directamente a la invención de términos. De todos modos, don Alejandro, no crea usted, hay estudios por ahí con sesudas aportaciones en esta materia y son capaces de haber montado un corpus arregladito con cuatro revistas científicas. Le sugiero un experimento: escriba “sexilio en la investigación científica”* en la ventanilla del Sr. Google y deje volar su imaginación. Si lo lee algún universitario, que no escriba “sexenios”, que me lo veo venir, que son unos obsesos, oiga.
El artículo de Molina expone dos puntos que me preocupan especialmente:
-En primer lugar, el carácter aberrante desde el punto de vista lingüístico y gramatical de estos trampantojos.
-En segundo lugar, su configuración como ariete ideológico, sostenido por esforzados guerreros que imponen en la sala del castillo asaltado sus prejuicios políticos y sociales.
Creo que la táctica de lo que llamo un poco groseramente “los inclusiveros” se basa en un par de premisas:
a) Las fórmulas lingüísticas actuales expresan una situación de opresión.
b) Yo no las empleo, las cambio y, por tanto, proclamo ante el mundo mi superioridad moral y política.
El apartado a) jamás ha sido demostrado. Por eso, como son muy cucos, han construido la patética historieta de la visibilidad, un mal chiste de humor gráfico. Respecto al apartado b), creo que no hay que emplear la lógica para arremeter contra esa pamplina. Son más eficaces la ironía y el sarcasmo. Ni una concesión a la mentira de que ello son más justos y buenos. Pero sobre esto hablaremos otro día, porque merece un mayor desarrollo y porque quiero dejarles ahora en compañía de don Alejandro Molina: