Diarios para un confinamiento (IV). Pedro Ruiz.

…            1.-La gratificación principal de mi tarea de estos años ha sido la de conocer a estudiantes que aún me honran con su amistad. Por ejemplo, uno de mis mejores y más brillantes alumnos, Ismael Gutiérrez, con una carrera profesional espectacular, abogado y hoy director-gerente de la “Fundació Banc de Sang i Teixits de les Illes Balears”. En efecto, está ahora mismo al frente de  una misión fundamental: sostener el depósito de sangre y tejidos para la curación.

  …          Me llamó ayer para confirmar y comentar, con tristeza, el fallecimiento del profesor Pedro Ruiz, un magnífico abogado y un agudo procesalista en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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   …         2.-Pedro Ruiz era, sobre todo, la ironía en acción, el chascarrillo amigable y la visión inesperada, el ángulo en el que no se pensó. Le recuerdo ahora en su despacho de Sabadell donde, en una ocasión, articulaba soluciones para un funcionario en situación kafkiana. Intuía al momento la orientación del juzgador al cual sometía sus asuntos.

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  …          3.-Coincidimos en que el mejor homenaje que podemos hacerle a Pedro es mantener el ánimo firme, la mirada en positivo. Recordaba Ismael que esa vibración benéfica del carácter, el cuidado a los demás y el autocuidado son también las mejores herramientas para ayudar en este momento a los esforzados servicios sanitarios. No sé si llegaré a las cotas de optimismo de mi amigo  José Luis Moreno, pero espero que, entre todos, sepamos mantener el  coraje y el corazón expansivo.

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Diarios para un confinamiento (III). No leo la prensa.

…     1.-Ya he caído en la trampa. He puesto, como hacen algunos, un titular que sirve de anzuelo. Pero es cierto que procuro seguir una dieta informativa. Me limito a consultar de vez en cuando estadísticas serias y procuro dejar entrar las noticias positivas (que también son muchas). Aún así, inevitablemente, me llega a veces el rumoreo de la tiniebla.

…       No se trata de construir una burbuja de irrealidad. Pero lo que está claro es que de nada sirven el amarillismo, el tremendismo, la mala sangre y el bombardeo con las noticias más terribles.

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…   2.-En las guerras del siglo XX, la radio jugaba un papel fundamental. Por supuesto, unas eran más fiables que otras y a menudo mentían o disimulaban la situación. Pero todo el mundo sabía que eran fundamentales para mantener la moral. Quizá sea esta la difícil responsabilidad de los medios de comunicación en esta hora decisiva: buscar la objetividad y hallar en ella el fundamento de la salvación.

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   3.-Mañana profundizaremos en la justificación de lo que estoy diciendo. Pero  demos ya alguna pizca de seria esperanza:  tanto la sanidad italiana como la española,  incluso en este momento tan complicado, han logrado hasta ahora que las curaciones superen a las defunciones. No voy a citar el ya legendario hospital en IFEMA, pero sí me voy a despedir recordando que los alumnos de los últimos cursos de medicina y de enfermería de la universidad en la que trabajo se han mostrado dispuestos a reforzar el servicio sanitario cuando sea necesario.

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Diarios para un confinamiento (II). En un palmo de terreno.

         1.-Hace ya cinco años, escribía en este cuaderno una reflexión bajo el título “¿Qué es la clase? Un secreto”. Allí planteaba lo fácil que sería organizar la enseñanza universitaria a distancia y el papel que, en su caso, podría tener la clase presencial. Léanlo, no les defraudará.

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…       2.-¿Quién podría intuir en aquel momento que, unos años después, de forma abrupta, el teletrabajo se impondría sin escapatoria? Son muchos los sectores que, en pocos días, han dado ya pasos de gigante. Dejando aparte por un segundo el terrible momento que estamos viviendo, lo cierto es que  algunas personas descubrirán nuevas formas, más gozosas y productivas, de enfrentarse con su oficio.

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…       3.-Hablábamos ayer de la legión de héroes que está ahora mismo en nuestras calles. Pero también hay muchos luchadores dentro de cada hogar. El futuro feliz del teletrabajo ha aterrizado en habitaciones reducidas, donde la obligación laboral convive con el necesario cuidado de los menores, de los ancianos e incluso de los enfermos. Muchos vecinos construyen cada día en unos pocos metros el delicado rompecabezas del trabajo (que hoy es un bien valioso), de la educación de sus propios hijos y del  apoyo a sus mayores (a veces es una vecina impedida, a la que se lleva la compra). Hay soldados y enfermeros dentro las casas.

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Diarios para un confinamiento (I). Enseñanzas iniciales.

  …              Lo primero que he aprendido de esta situación es la evidencia de que son muchísimas las personas que trabajan por todos y cada uno de nosotros. Podríamos empezar por la dependienta del supermercado, la cajera del “Pryca” en los penosos chistes clasistas. No exagero en absoluto si digo que nuestra supervivencia de cada día depende de ella.

…         Pienso en el médico, por supuesto, y en todo el personal sanitario. Un ejército inmenso de enfermeros, doctoras, suministradores de alimentos, encargados de mantenimiento, administrativos que ordenan las facturas de todas las vendas y preparados esperanzadores que habrá que tramitar en estos días. Veo al guardia urbano convertido en un ángel de la salud en el barrio, recordando a la gente que debe seguir en casa.  Me acuerdo de la policía, por esas carreteras de Dios. Veo al repartidor, con una máscara que vete a saber de dónde salió, dejando en los pisos algún paquete deseado y certificando que el sistema todavía funciona.

…         Imagino al humilde funcionario que acelerará con su viejo saber un procedimiento que nos traerá más cuidados, más ayuda, más seguridad. Me viene a la cabeza aquel que se metió a concejal por no quedar mal con los amigos y hoy tiene  en sus manos una pequeña llave para tu bienestar. Desde mi ventana se atisba una legión de héroes: el conductor del autobús, el ferroviario, el basurero…Si fallan, no tenemos salvación.

…         Cuando enciendo el interruptor – o este ordenador- sé que está detrás el esfuerzo del operario y del oficinista de la compañía eléctrica. Y qué bien sabe el agua impulsada por algún ser humano en la fría sala de máquinas de la suministradora. Pienso también en nuestras fuerzas armadas, claro, que ya han salido del cuartel.

…         En fin, una multitud de seres a los que querría abrazar y que no aparecen nunca en los curriculum vitae, en las cavilaciones de aquel ego que un día pensó seriamente en que era posible controlar el flujo misterioso de esta vida.

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Avantatges de les velles lletres.

«8 de març-Com que hi ha tanta grip, han hagut de clausurar la Universitat. D’ençà d’aquest fet, el meu germà i jo vivim a casa, a Palafrugell, amb la família. Som dos estudiants desvagats. El meu germà, que és un gran afeccionat a jugar a futbol -malgrat haver-s’hi ja trencat un braç i una cama-, el veig purament a les hores de repàs. Ell fa la seva vida. Jo vaig tirant. No enyoro pas Barcelona i menys la Universitat. La vida de poble, amb els amics que hi tinc, m’agrada».

Així comença El Quadern Gris, de Josep Pla, i l’autor situa la narració el 1918.

 

Postadata d’Antoni Puigverd.

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