Kevin Spacey y nosotros (I)

              No me interesa demasiado el cine. Pero es verdad que disfruté mucho con American Beauty (1999), una película que me fue muy útil para ciertos trabajos sobre la urbanización dispersa[1]. De hecho, los aspectos jurídicos y sociales de la película ya habían preocupado a otros[2].

          Perdonen la autocita, pero recuperaré algunos fragmentos de lo que entonces escribí:

          -“El director del film es el prestigioso Sam Mendes. Su éxito fue inmediato, tanto de crítica como de público. Obtuvo cinco Óscar y fue catalogado muy pronto como uno de los clásicos del séptimo arte. Aparte de los relevantes aspectos formales, desde el punto de vista sustancial la película se enfrentó con diferentes temas. Probablemente, el más llamativo es “la crisis de los cuarenta” del protagonista -un extraordinario Kevin Spacey-, combinado con la recreación del mito de Lolita. Otros comentaristas han señalado, igualmente, la cuestión existencial de la búsqueda de la belleza o el desequilibrio psicológico de la práctica totalidad de los personajes”.

          -“La narración -después de una inquietante escena introductoria- se abre con un bellísimo plano aéreo de un típico suburb, acompañado de la voz del protagonista, que anuncia: “Mi nombre es Lester Burnham. Esta es mi urbanización. Esta es mi calle.  En menos de un año, estaré muerto. Por supuesto, todavía no lo sé. En cierto modo, ya estoy muerto.”

          Casi sin querer, nos vamos acercando a la confusión entre la metáfora de la narración y la misma vida. Seguimos mañana.


[1] AMENÓS ÁLAMO, J.: El mito legal de la ciudad compacta (2015).

[2] STONE, Alan A. : “Appendix: film commentary. American Beauty (1999)”.Legal Studies fòrum, 24 (2000).