Bartleby explica el contenido de este cuaderno

Dedicat al meu amic Alfons Perona, que escriu un magnífic bloc sobre Dret i mobilitat.

1.-Fue preguntado Bartleby por los temas que cubría el presente dietario. Ante el habitual silencio de su autor (que encubría, en el fondo, una sociabilidad rácana), Bartleby se encargó de agrupar las materias que aparecían en el diario. Consultado el tesaurus de la derecha de la pantalla, observó que la inmensa mayoría se movía en el campo del Derecho y, específicamente, del Derecho Administrativo y del Derecho urbanístico. Esto se combina con algunas referencias al mundo docente, centrado a veces en la sección, mucho más personal, de “Diarios de un profesor disperso”.

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2.-Es verdad, no obstante, que la presencia del Derecho urbanístico permitía advertir otro enfoque del cuaderno, más centrado en la ciudad, ese gran invento que nos acuna. Ello permitiría la aparición de algunas reflexiones sobre la arquitectura (la niña de los ojos de lo urbano), el entorno ambiental, etc. No faltaba alguna nota de homenaje al pasado encarnado en hombres concretos –In memoriam– o la recuperación de una sección de un antiguo blog que logró un cierto éxito –Imágenes del Derecho-.

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3.-Bartleby estaba seguro, pues, de que había logrado una completa visión del conjunto de las entradas. Sin embargo, detectó que su firma y presencia en dos de los últimos artículos podía complicar la unidad e incluso el acreditado prestigio del cuaderno. Ante ello, Bartleby se conjuró para mantener el alto nivel de los artículos, con la esperanza de que sus manías personales no desballestaran la indiscutible unidad y coherencia del blog.

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Bartleby en el sanatorio

Había empezado, ciertamente, a superar la enfermedad. Sin embargo, para ello tuvo que recurrir al reputado especialista –de fama mundial- Enrique Vila-Matas.  Puso muchos reparos: algo así como si un insigne científico de mentalidad racionalista acabase visitando, a hurtadillas, a un curandero.

Sabido es que Bartleby abandonó la lectura de El Quijote más o menos por la mitad, profundamente aburrido, y se prometió a sí mismo no volver a enfangarse en ninguna novela, género claramente inferior al ensayo, al texto científico y a la poesía (además de ya desfasado en el tiempo). No obstante, la gravedad de la dolencia –fácilmente verificable en el tacaño número de artículos publicados en diciembre y enero- le aconsejó someterse a las rígidas recetas del galeno. Por prescripción facultativa, le fue administrada la dosis total de El mal de Montano, incluso con el riesgo de desagradables efectos secundarios.

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Bartleby, la economía colaborativa y el Derecho laboral.

1.-Era consciente de la radical obsolescencia y de su profesión y de la de todas las instalaciones e inmuebles auxiliares, incluyendo una legión de oficinistas realmente considerable. Por eso, Bartleby se acercó a escuchar la sesión del GEA (Grup d’Estudis Autònoma) del viernes 26 de enero sobre “Economía colaborativa y Derecho Laboral”, que impartía (y lo hizo brillantemente) el profesor Ricard Esteban Legarreta.

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2.El tuétano de la mencionada “economía colaborativa” es la plataforma informática, que ningún sabot podría ya destruir. Bartleby agradeció la distinción entre, por un lado, plataformas que simplemente ponen en contacto el demandante de una cosa o servicio con el oferente (Airbnb, Wallapop, eDarling, etc.). Y, por otro lado, plataformas que implican un trabajo, un servicio organizado desde el dueño de la plataforma (Über, Deliveroo, etc.).

       En eñ último caso indicado, se plantea la posible aplicación de la noción de relación laboral (art. 1.1.-del Estatuto de los Trabajadores) o, al menos, como propuso el ponente, la configuración legislativa de una relación laboral de carácter especial.

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3.-Bartleby advirtió de la diferente problemática de cada uno de estos artilugios. Algunos ya se hallan bajo una potente lupa fiscal (por ejemplo, Airbnb, dada su propia publicidad), mientras que otros parecen más opacos. Dada la enfermedad literaria de Bartleby, imaginó pronto cómo se escacharraba la red virtual de Über ante las inminentes mallas de coches sin conductor. Lo mismo les ha pasado a los grandes malls, dinosaurios en retirada ante la glaciación impuesta por el comercio on line.

       Al acabar, Bartleby quedó confuso ante la fórmula apuntada por Ricard Esteban al principio de su charla relativa a las misteriosas e inmensas bolsas de trabajo que una empresa reparte informáticamente en ínfimas porciones. Por ejemplo, 100€ por tres pequeñas gestiones o por tres mañanas atornillando mesas en el local que se le indicará. Bartleby comprendió que, dentro de poco, sólo la literatura le permitiría comprender este mundo (aunque ello implica, evidentemente, estar fuera de él).

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