Barcelona en España.

1.-El viernes cerramos la publicación en este cuaderno de una reseña con el título de “La ciudad que fue”. Era la Barcelona de los setenta. Curiosamente, al día siguiente, el suplemento cultural de La Vanguardia se enlazaba justamente con nuestro artículo y daba a la luz un reportaje denominado “Gabriel García Márquez, el Nobel de Barcelona”. El texto cubría los ocho años de la estancia del escritor en la ciudad (1967-1975) y las celebraciones que vienen sobre El rastro de Gabo en Barcelona.

2.-No acaban aquí las coincidencias porque el siguiente artículo del suplemento citado lleva por título «Barcelona importa” y, en él, Félix Riera desmenuza nada menos que nueve recientes libros en torno a la ciudad condal. Algunos están muy ceñidos al debate electoral, pero otros remontan el vuelo y se adentran en su historia, en sus conflictos, en su función, en su arquitectura y forma… Se detectan signos de estancamiento y, lógicamente, se aventa la lumbre de las meditaciones, de los proyectos, de lo vivido y de lo que se vivirá.

3.-Hemos garabateado aquí varias veces sobre el espejo de Barcelona, pero me gustaría ahora rescatar unos papeles que redacté hace algún tiempo y que llevan por título “Barcelona en España”:

       Barcelona en España (I)

       Barcelona en España (y II)

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Barcelona en España (y II)

 …1.-La visión casi unánime y un punto acaramelada en la nostalgia del éxito olímpico se troca en combate jurídico y político cuando se trata del Eixample. En algún momento  me he acercado en este  cuaderno a la cuestión y he aprovechado estos días para releer a BASSOLS COMA sobre el tema. En síntesis: el proyecto de ensanche de Cerdà fue una imposición del Gobierno de la Nación, que entendía que tenía competencias sobre la cuestión y que apostaba por una seria transformación – avanzada para la época- en la manera de concebir la propiedad fundiaria, en el proceso de construcción de la ciudad, etc.

Básicamente, a partir de la Real Orden de 20 de febrero de 1854, de derribo parcial de las Murallas, y de la Real Orden de 9 de diciembre de 1858, dictada por el Ministro de la Guerra, el Gobierno afirma que la tradicional competencia estatal sobre defensa y fortificación le permite decidir sobre los nuevos terrenos generados extra muros. Eso sí, la función le correspondería ahora al Ministerio de Fomento.

El 27 de noviembre de 1854 el gobernador civil de Barcelona adjudicó al ingeniero Cerdà, con expresa autorización del Gobierno, los trabajos de levantamiento del plano de los alrededores de la urbe. En cuanto al resto de la historia, permítanme la autocita, ya que resumir es muy cansado en plena canícula (los que hicieron EGB recordarán esa orden terrible de “hacer un resumen”):

      “En una primera fase, el Gobernador Civil de Barcelona adjudicó al ingeniero Cerdá, con expresa autorización del Gobierno, los trabajos de levantamiento del plano de los alrededores de Barcelona. Esta asignación se efectúa en 1854 y ha sido estudiada especialmente por Estapé (2001, pp.163 y ss.). Baste decir ahora que el antecedente fáctico de la resolución fue el nombramiento de Pascual Madoz como Ministro de Hacienda. Según unánime historiografía, se trata de una figura clave en la corriente de apoyo a Cerdá. Fue gobernador civil de Barcelona desde el 11 de agosto hasta el 20 de octubre de 1854. Una vez pasó a ocupar la cartera indicada, ya se nombró a Cirilo Franquet como Gobernador Civil. Éste, el 27 de noviembre de 1854, hizo público el encargo descrito.  Se trataba de un trabajo gratuito, por expresa voluntad del autor, y, además, fue fundamental de cara a la realización de los posteriores estudios. Curiosamente, Estapé (2001, p.166) recuerda que recibió algunas críticas periodísticas, con la agria invectiva, entre otras, de que ya era un mero ex – ingeniero.

            El siguiente paso relevante viene dado por la resolución de 7 de junio de 1859 (publicada en la Gaceta de Madrid de 17 de junio), merced a la cual “se aprueba el proyecto facultativo de ensanche de la ciudad de Barcelona, estudiado por el Ingeniero D. Ildefonso Cerdá”. Este proyecto se correspondía con una autorización previa a Cerdá para este trabajo dada por Orden de 2 de febrero y se aprobaba con las alteraciones propuestas por la Junta consultiva de Caminos, Canales y Puertos (bajo control del Cuerpo de Ingenieros). Según el Gobierno, respetaba la audiencia que debía darse  a la entidad local, ya que “los estudios de Cerdá se hallan en armonía con las bases adoptadas por la comisión de representantes de todas las Corporaciones de Barcelona en la memoria de 28 de junio de 1855 y las discutidas por la comisión nombrada en virtud del Real decreto de 23 de enero de 1856”. Es verdad, no obstante, que –tal como alegó el Ayuntamiento de Barcelona- parece excesiva la previsión del apartado cuarto, que encargaba a Cerdá la presentación del “proyecto de ordenanzas de construcción y de policía urbana para que sobre las mismas recaiga la aprobación del Ministerio de Fomento, y sobre las segundas el de la Gobernación del Reino”. Y apunto lo de excesivas en la medida en que estamos ante tradicionales competencias locales.”(1)

Se dio, como ya es costumbre en el lugar, una oportunidad a la Corporación Local, un “permitir”, que entra también en la larga tradición española:

 …Pero la Real Orden indicada no arredró al Ayuntamiento de Barcelona, que ya había convocado un concurso de proyectos sobre el Ensanche. La decisión de la Junta Calificadora recayó en el trabajo presentado por Rovira i Trias (en 20 de octubre de 1859, según Estapé, 2001, p.234, aunque Babiano, 2007,p.85, anota que el veredicto ya se había hecho público el 12 de septiembre). Se entra entonces en una fase poco estudiada y algo truculenta, ya que el Gobierno permitió la exposición pública de los trabajos del concurso y, en una sala adjunta, el de Cerdá (que, además, se paseaba por los locales, dando lugar a las críticas inmisericordes de Lacasta,1859, y otros cronistas ciudadanos).Por otra parte, el 5 de marzo de 1860 el Ayuntamiento acordaba entregar un Premi de 4000 Duros a l’Arquitecte Antoni Rovira i Trias Per el Plànol de l’Eixample de Barcelona Que Sortí Premiat en el Concurs”. Una paradoja, por cierto, con respecto a Cerdá, que acabó sus días reclamando al Estado las cantidades que él personalmente había adelantado para la realización de sus trabajos.” (2)

  Y la cosa acabó así, cuando ya se perdió la paciencia:

    “El Gobierno dio por zanjada la cuestión con el Real Decreto relativo al Ensanche de Barcelona de 31 de mayo de 1860 (publicado en la Gaceta de Madrid de 1 de junio). Se considera que el resultado del “concurso, posteriormente abierto con el mejor celo, aunque sin favorable resultado, por el Ayuntamiento de Barcelona” no ha de afectar ya al proyecto de Cerdá aprobado en la Real Orden de 7 de junio de 1859 (a la cual nos hemos referido anteriormente).  “(3)

O sea, que el Gobierno nacional –aunque consideraba que en él residía la competencia-  dejó que el Ayuntamiento convocara un concurso que, a la postre, no iba a servir para nada. Existe ahí un tema poco estudiado, referido a las dudas entre  algunos miembros del Ejecutivo, que alegaban la conveniencia de no enfrentarse a la corporación local.

Ensanche-Eficiencia-Energética

[Font: aqui]

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2.-En definitiva, el Plan Cerdá, como proyecto físico, económico y jurídico, fue un acuerdo imperativo del Gobierno central, de acuerdo con las normas vigentes, en contra del parecer unánime de la Corporación Local y de la casi totalidad de las fuerzas vivas de la ciudad. Se trataba de una apuesta política contundente y renovadora.

En la misma línea, hay que decir que Cerdà era miembro –insigne, además- del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, un colectivo fundamental para la  articulación del Estado español en el siglo XIX. Es cierto que había obtenido la excedencia, pero ello no impidió nunca al Gobierno considerarlo como un comisionado que estaba dentro del cuerpo funcionarial citado.

Ya en el primer minuto, la intelligentsia política y arquitectónica catalana, desde el militante Puig i Cadafalch hasta el más suave Prat de la Riba,   se apunta a la crítica atronadora contra el Plan. De hecho, el malditismo de Cerdà llega casi hasta nuestros días (Porcioles empezó a romper el silencio y luego Estapé, a través del Instituto de Estudios Fiscales del Ministerio de Hacienda, se encargó de su edición y de la dignificación  académica del autor).

Es  verdad, no obstante, que –con injustificadas pausas y recortes, como ocurre con muchos adelantos – el Plan empezó a funcionar y la potencia económica y creativa de Barcelona llenó aquel dibujo con la explosión de belleza utilitaria que conocemos. Vino luego la bendición técnica otorgada por el GATPAC  ya en los años treinta del siglo XX y los ajustes y contraajustes tan propios de nuestra historia (y también, claro, la corrección de algunos errores en el planteamiento de Cerdà).

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Vista aérea del Ensanche de Barcelona. Fuente: ***.

3.-Pero, evidentemente, el sapo del Ensanche ha sido de difícil digestión para ciertos sectores del nacionalismo. Nada menos que una regla impuesta por el Gobierno español, con una clara superioridad técnica y pensada y acometida por un destacado miembro de un también destacado Cuerpo nacional de funcionarios. Y, encima, un éxito abrumador para la imagen de Barcelona y para su vida cotidiana.

Algunas explicaciones han sido patéticas. Por ejemplo, la piadosa “carrera de proyectos para el Ensanche”, en la propaganda de las  celebraciones del Año Cerdà (2009-2010). No, no hubo ninguna carrera. O el peix al cove de Francisco Martí y Eduardo Moreno (1974): “Por una vez el centralismo sirvió para dominar la estrechez de miras de una burguesía provinciana”.

En resumen, estas dos simples pinceladas de trazo fortísimo en el territorio –los Juegos Olímpicos en el siglo XX y el Ensanche en el XIX- nos pueden servir para plantear una hipótesis en la cual aún habría que profundizar: Barcelona no ha sido una urbe colonial o machacada, sino una pieza clave de las políticas urbanísticas de los distintos regímenes y gobiernos de la España contemporánea: con momentos de sintonía –los Juegos Olímpicos-, de medicina amarga y fortificante –el Plan del Ensanche-, de noviazgo –Porcioles, hombre de confianza  del general Franco y facedor de la Carta municipal y de otras decisiones que el mismo Maragall apuntó en más de una ocasión- y también, claro está, de errores clamorosos, distanciamiento e incomprensión –siempre lo más perjudicial para todos-. Nunca fue fácil, muchacho, negociar con el kilómetro cero. En definitiva, desde el punto de vista urbanístico, ni una Marseille lejana ni una Chicago autosuficiente sino, simplemente, Barcelona en España.

Eixample. En el marco global de esta ciudad tan bien hecha. Fuente:***

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(1) AMENÓS ÁLAMO, J.: «El peculiar estatus de Ildefonso Cerdà como ingeniero de caminos, canales y puertos», en El derecho de la ciudad y el territorio. Estudios en homenaje a Manuel Ballbé Prunés, Madrid, 2016, p.63.

(2)AMENÓS ÁLAMO,Op.cit., p.64.

(3)AMENÓS ÁLAMO, Op.cit., p.65.

(4)MARTÍ, Francisco y MORENO, Eduardo, Barcelona, ¿a dónde vas?, Barcelona, 1974, p. 13.

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Plaça Rovira i Trias (II)

1.-Antoni Rovira i Trías (1816-1889) fue un auténtico prócer de la Barcelona del siglo XIX. Concejal y diputado pero, sobre todo, arquitecto municipal  y, además, creador del cuerpo de bomberos del consistorio. Fue, también, el arquitecto municipal de Gracia y de Sant Martí de Provençals, todavía no incorporados a Barcelona. Su actividad intelectual y asociativa fue relevante, incidiendo incluso en la creación del Ateneo Barcelonés -por fusión de otras entidades que, en parte, procedían de la Societat Filomàtica de Barcelona, que él había fundado junto a otros políticos y hombres de letras-.

Sin embargo, destaca su impresionante nómina de edificios, entre los que se pueden señalar los mercados de la Barceloneta, del Born, de Sant Antoni, de la Concepció y de Hostafranchs. La lista es realmente larga y aún tendríamos que añadir, pr ejemplo, la reforma y construcción  parcial del Palacio Moja, el campanario de Gracia, el edificio neoclásico del Ayuntamiento de Igualada, el Matadero de Barcelona, la mejora de la mina de Montcada, la Fuente de las Tres Gracias en el Palacio Real, etc.  En definitiva, un arquitecto clave.

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2.-Pero, si uno se acerca por la plaza Rovira, verá en el suelo, debajo de su escultura en bronce, una inscripción  con el gráfico del proyecto que presentó al concurso abierto por el Ayuntamiento de Barcelona para urbanizar el espacio que se abría entre Barcelona y Gracia. El 10 de octubre de 1859 (aunque en esto hay discrepancias, ya que ESTAPÉ da la fecha del 20 de octubre  y BABIANO el 12 de septiembre), el Ayuntamiento, por acuerdo unánime, adjudica el proyecto a Rovira i Trias.  Su documento estaba encabezado por la siguiente frase del arquitecto Léonce Reynaud: “Le tracé d’une ville est oeuvre du temps, plûtot que d’architecte”.  Savigny que, por cierto, era contemporáneo de Reynaud, hubiera suscrito sin duda este aserto.

El planteamiento de Rovira i Trias no implicaba una ruptura radical con el centro  histórico de Barcelona, que proseguiría su crecimiento con unas manzanas algo más anchas y una forma relativamente similar. La conexión entre los pueblos que iban a ser engullidos se confiaba a una serie de avenidas  que iban articulando una malla circular y radial que crearía un conjunto global armónico con un planificador, podríamos decir, “escondido”. Esa suavidad en el diseño se ha conectado a menudo con el reencuentro con la tradición popular propia de la Renaixença, como si el guiño que hemos hecho a Savigny se confirmara en el mantenimiento de la relevancia de la Ciutat Vella y en su crecimiento orgánico y natural, sólo ayudado por las avenidas que hemos indicado, al modo del Ring vienés y sus conexiones radiales.

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3.-Pero, oiga, Amenós, se está usted equivocando, creo. En la zona que  indica está el mundialmente famoso Ensanche de Cerdà, una creación radical con enormes manzanas, claramente separado del núcleo histórico, con inequívoca firma de autor, revolucionario  y racional al mismo tiempo, alejado de cualquier concepción retrospectiva…Sí, hombre, el Eixample que  uno no se cansa de mirar cada vez que el avión enfoca el Prat y volvemos a casa…

Mercado de Sant Antoni. Un lugar fundamental en la historia de la vida barcelonesa. Un intento interesante de restauración.
Mercado de Sant Antoni. Un lugar fundamental en la historia de la vida barcelonesa,  obra de Rovira i Trias. Vive ahora un intento interesante de restauración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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