Diarios dispersos. Bartleby es tomista.

Comento con Bartleby la infinidad de debates que últimamente oigo sobre la adecuada organización económica. Nos dicen, nada más y nada menos, que estamos en transición hacia un novísimo modelo que llenará de sentido nuestras vidas. En la academia, en la prensa, en las redes o en las bares se habla constantemente de justicia tributaria (hasta la última gota), de la nueva “economía dirigida” (subvencionada y engrasada), de la colaboración público-privada con selección  imparcial de los elegidos…Bartleby me mira con melancolía y piensa en la causa primera aristotélica, en la ilusión y el dinamismo del que levanta la puerta enrollada cada mañana mientras suenan en una antigua radio debates sobre la justicia tributaria, la colaboración público-privada, la economía dirigida,…

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Septiembre oscureciéndose

Bartleby considera que la materia propia de este cuaderno se ha desbocado por encima de un lecho que ya no puede apuntalar el generoso título (“Ciudades, leyes y letras”).  Como suele ocurrir, discrepo de las críticas resentidas que este pesado está siempre murmurando. Además, hoy está especialmente insportable y suelta una carcajada cuando le respondo con aquella definición que una vez escribí para los amigos de Linkedin: “un blog a medio camino entre el diario personal y el BOE”.

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Septiembre es un mes problemático para los que amamos el verano y el calor y la playa y la cerveza fría y las tardes largas y los libros que se leen sin interrupciones y el mar que nos abraza al volver del invierno y el frescor del monte a primera hora de la mañana. Estoy con Gil de Biedma: en el juego de hacer versos, “Lo que importa explicar/ es la vida, los rasgos/ de su filantropía,/ las noches de sus sábados. //La manera que tiene/sobre todo en verano/de ser un paraíso”.

Por eso septiembre es un asunto delicado. El estío se ha hecho más suave y aún puede uno acurrucarse en su regazo antes de ser atrapado por la inmensa mancha negra del invierno. Pero los cambios ya están ahí y se acumulan los recuentos. Observo las muescas en el censo de amigos que el año dejó atrás. Alguna jubilación, viejos temores, los nuevos y jovencísimos alumnos certificando que el calendario viene con prisas.

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Diarios dispersos. Energía juvenil.

Hibernia

(Fuente: aquí)

        1.-La profesora Roser Martínez me invitó ayer a una sesión sobre “descarbonización” y transición ecológica organizada por la Cátedra Manuel Ballbé principalmente para los alumnos de Administración de Empresas y Derecho. Por razones de agenda, no pude escuchar la intervención del compañero Carlos Padrós sobre los papeles del mercado y de la regulación administrativa en este campo (aunque deduzco que fue interesante, teniendo en cuenta las preguntas y comentarios que suscitó entre los asistentes). Sin embargo, aún tuve tiempo de oir la conferencia de Santiago Martínez, de la empresa Iberdrola, sobre el problema de la determinación de los precios de la energía. Dejando ahora de lado el problema de la estabilidad regulatoria, me sorprendió la permanencia de la misma piedra de siempre: es más rápida la construcción de ciertas infraestructuras que el tiempo dedicado a tramitar y esperar la autorización administrativa.

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        2.-Por mi parte, me limité a plantear la cuestión del azar, tanto en su vertiente filosófica como jurídica. El azar siempre estuvo ahí y siempre fue un problema para la religión (el inesperado designio divino) o para la ciencia (lo que aún no sabemos). Sin dejar de lado la posible desaparición ontológica del azar (preferí no seguir por aquí, porque por el camino ya temblaba herido de muerte el libre albedrío).

        Pero el azar es también una grave cuestión jurídica. Por ejemplo, en el campo de la contratación pública. No me refiero a la cuasi teológica fuerza mayor,  sino a los riesgos imprevisibles, que quieren volver a entrar por la puerta grande de la Historia. Recordé a los estudiantes la frase de O.W. Holmes: “Los abogados jóvenes conocen la regla; los abogados viejos se saben las excepciones”. Estarán obligados a vivir en un mundo de aleas caprichosos, argumentando y debatiendo las contradicciones de lo que no pudo jamás ni imaginarse.

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        3.-Lo mejor del acto fue sin duda el entusiasmo de los estudiantes, que abarrotaban la sala de vistas y que siguieron con exquisito silencio a los oradores y formularon luego diversas cuestiones (en realidad, no dio tiempo a responderlo todo). Algunos habían preparado comunicaciones y se atrevieron a resumirlas para todo el auditorio en tres o cuatro frases -unos magníficos elevator speeches!. Me sorprendió la sincera preocupación que mostraban ante temas como el consumo excesivo, el reciclaje, los experimentos de gestión alternativa de la energía, el conflicto entre mercado y Estado, etc. Un auténtico lujo universitario.

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Diarios dispersos. Argentina, otra vez.

         Sesión de doctorado con mi colega Roser Martínez, el penalista argentino Ricardo Boucherie, de la Universidad Católica de la Plata, y Jorge Enríquez, diputado y constitucionalista de la misma nación. Disertaron sobre legalidad y Covid-19 y apareció, como era de esperar, la perenne peculiaridad argentina. En este caso, en forma de larguísimo y exigente confinamiento y de adquisición de la exótica Sputnik (la vacuna rusa). A ello habría que añadir, incluso, el empleo del tipo penal de la desobediencia sanitaria como fórmula para asegurar el respeto a las medidas restrictivas. Se trata de un tipo penal similar a nuestra desobediencia, pero con una curiosa especialización material. Sin embargo, parece que, afortunadamente, no ha llegado a implicar lacerantes ingresos en prisión (aunque sí procesamiento, multas, etc.). Y aún cabría aludir, por cierto, a la medieval liberación de condenados, con el retorno de los criminales a los lugares del delito.

         Me fascina todo lo argentino. Principalmente, el lenguaje. Lo de ayer no fue una excepción. Sería difícil encontrar en cualquier mesa rutinaria de trabajo en las universidades españolas una elegancia y precisión como la que han mostrado hoy nuestros dos conferenciantes. Me suele pasar con los tratadistas argentinos clásicos: escriben con tanta belleza que parece que no son libros jurídicos.

         En la comida, salieron muchas cosillas de ambos países. Incluso llegamos a pasear por alguna librería de la calle Corrientes. Aproveché para meter en la conversación mi Buenos Aires mítico: el edificio Alas y el Luna Park. Y aún se coló, como un fantasma, alguna sombra de Carlos Monzón.

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Diarios dispersos. La opción forzosa del animal político.

         Bartleby aseguraba que Josu de Miguel debía cambiar el título de su reciente libro. Así, “Libertad: historia de una idea” había de trocarse en “Libertad: historia de una ficción”. En efecto, mi impertinente amigo (o, mejor dicho, mero conocido) está muy influenciado por la creciente doctrina científica que niega el libre albedrío. Afirma que es indiscutible que, un segundo antes de que ocurra cualquier cosa, ya están prestos para dispararse todos los vectores de causas con sus respectivas fuerzas, de tal manera que sólo es posible un resultado. En concreto, el que produzca la intersección de flechas de ese momento. Creo que decido voluntariamente que voy a pedir fresas de postre, pero eso es únicamente un producto inevitable de mi herencia genética, de mis informaciones previas, de la disposición de las papilas gustativas en ese instante, etc. Sólo cabe  esa elección.

         Le digo que me parece impecable su razonamiento y le animo a acercarse al primer minuto de la historia humana, allí donde estaba en potencia todo lo que ha ocurrido y todo lo que va a ocurrir. Pero le añado que eso no cambia en nada el debate sobre la libertad que relata Josu de Miguel. Se queda pensando y, no obstante, asegura que su precisión le permite situar al pensamiento político en el campo de las grandes construcciones poéticas, como Borges hacía con la teología, con la mitología y, posiblemente, con casi toda la filosofía.

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Notas  relacionadas: Diarios dispersos. Arqueologías.

Diarios dispersos. Arqueologías.

            Prosigo, a salto de mata, la lectura y relectura del libro de Josu de Miguel sobre la historia de la idea de libertad. Tengo la sensación de que el partido se juega en los dos primeros epígrafes: la libertad de los antiguos y su comparación con la libertad de los modernos. Desde luego, no es fácil resumir la noción vieja de la libertad, perdida en el tiempo. Anoto dos ideas fundamentales: la libertad como estatus (o libre o esclavo) y la presencia de algunas manifestaciones concretas e incluso aisladas: la parresia y la isegoría en los griegos, los derechos y deberes políticos en Roma, etc. Ahora bien, estas  expresiones estaban atadas a la fuerza de la colectividad, a las reglas y proyectos solidificados en la comunidad política.

            Rechazaban la tiranía, ciertamente, pero no la inserción de cada uno (con deberes muy concretos) en la actuación unitaria de la polis o de Roma. De ahí que, a menudo, aquellas gentes intuyeran la relevancia de la libertad interior, del espíritu declarando su autonomía sagrada incluso frente al martirio (en Sócrates o en San Pablo, por ejemplo) o frente a las inclemencias del mundo. De esto último nos dejó un verso maravilloso Joan Margarit, aludiendo a  “la campanya/d’hivern de Marc Aureli a les planúries/gelades de les ribes del Danubi. /Allà escrivia sota del capot/i voltat per la xusma militar,/ sobre l’oblit i la malenconia”.

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Artículos relacionados:

Diaris dispersos. Primeres converses amb la dona de Lot.

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Diarios dispersos.

         Bartleby me comenta las investigaciones que ha acometido sobre la noción de excusa, en el seminario de Isra G.  La  clasifica como una de las bellas artes, una obra creativa que los demás no siempre entienden, pero que funciona muy bien con ese juez supremo que es uno mismo. Hay excusas que no pasan el control de calidad y otras que son capaces de elevarse con la ligereza de un colibrí. Bartleby asegura que él no era perezoso (pasó a la historia con su  inmortal “preferiría no hacerlo”), sino que simplemente había encontrado una excusa precisa y afilada. Recomendó a Isra que añadiera a sus inacabables listas  de introspección un catálogo de las excusas diarias.

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Diarios dispersos. Un apunte de Peyró.

   “Por poca voluntad de escándalo que uno tenga, hay que reconocer que, si no te mete en algún problema, quizá no sea un diario. Pasarse de frenada es un riesgo del género, como en poesía lo es pasarse de precioso. El diarista juega siempre buscando la línea.”

        Ignacio Peyró: “Individualidades irreductibles: de diarios y diaristas”  (La Lectura de El Mundo, 8 de abril de 2022).

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Diarios dispersos. De ellos es el Reino de los Cielos.

       1.-Debate con el “Grupo de participación” que dirige mi admirada Marta Lora-Tamayo. Compañeros españoles y, mayoritariamente, iberoamericanos. Dos magníficas ponencias, una sobre una experiencia española (Mabel) y otra bonaerense (Purificación Casals) sobre la atractiva cuestión de la participación  de niños y jóvenes en la configuración de políticas y decisiones de la Administración.

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       2.-Discrepo de que exista un derecho de participación de los niños y rechazo el objetivo de dotarles de más y más derechos (por supuesto, claro, tienen derecho a la vida, a la integridad física, a la libre expresión…). Pero, al menos en urbanismo y ordenación del territorio, lo cierto es que no votan, carecen de deberes tributarios, no ejercen directamente sus derechos patrimoniales…Esto no quiere decir que no les escuchemos. Al contrario, es absolutamente necesario: viven la ciudad desde su propia altura y la sufren y la disfrutan como el primero. Sus ojos miran en gran parte al margen al sistema oficinesco. Los niños están menos hechos y menos formados,  son imprevistos, con algo del mar sin fin y de las flores sin conciencia. No sequemos esa fuente con un exceso de institucionalización y juridificación.

       Algo parecido ocurre con la participación de los jóvenes. El experimento bonaerense edifica una compleja jerarquía de promotores estudiantiles de Educación Sexual Integral [sic].  Se prevé, incluso, su encaje y trabazón con los   Educadores Sexuales Integrales adultos. Creo que estas previsiones pueden estar atadas a la realidad argentina, pero es difícil su traslado, por ejemplo, a España. No creo que resistieran quince días en un debate en la prensa. El encuadramiento juvenil que se articula es excesivo, piramidal, implacable (demasiado cerca del camarada).

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       3.-Desde el mundo del Derecho Administrativo, la corriente clásica tradicional ha sido contraria a las fórmulas de participación directa. Aún recuerdo al maestro Nieto tronando con el concepto implacable de participación-botín. Había posiciones más suaves, ciertamente (Sánchez Morón, por ejemplo). Pero yo me crié con esos abonos (incluyendo algunos sociólogos críticos como don Tomás R. Villasante).

       Ahora bien, a través de la práctica y de las conversaciones con Marta Lora-Tamayo, he aprendido a valorar la participación. Me bastarían, incluso, criterios utilitaristas: ni las autoridades ni los expertos manejan en exclusiva las soluciones. En el caso de los niños y de los jóvenes,  la apuesta es aún más atrayente, porque son los únicos que pueden salirse de la mirada burocrática, profesionalizada o políticamente diseñada.

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Diarios dispersos.

   Paseo por la normativa de organización de diversas facultades universitarias. Observo una pasión desbordada por la creación de comisiones, que se petrifican y sobreviven mucho más allá del motivo que justificó su creación. Se me ocurre que el verdadero contrapeso al sistema estamental impuesto por la legislación (indispensable en los órganos colegiados de deliberación) sería, precisamente, una estructura favorable a los órganos unipersonales, con una línea jerárquica clara, casi bonapartista…

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