Sábados exclusivos. Nota sobre la relación entre feminismo y neolenguaje inclusivo.

Fuente***.

Presento en primicia algunas notas tomadas de una próxima publicación en esta materia. He excluido el aparato bibliográfico (que ya expondré en su momento). Distingo entre uso torticero y torpón del lenguaje -por un lado- y feminismo en un sentido amplio -por otro-.

  1. Registradas, pues, estas primeras conquistas ya logradas por el nuevo argot, se hace inevitable observar los cadáveres intelectuales que quedaron atrás. Entre las víctimas de la neolengua, se halla la tradición femenina literaria y filológica que ha engrandecido las lenguas románicas. Pongamos María Moliner como ejemplo, sin dejar de lado la legión de escritoras que han pulido el castellano, el catalán, el gallego, el portugués…Una minoría bien situada a nivel ideológico ha decidido qué es lo que le conviene a la mujer desde el punto de vista lingüístico y es posible que haya considerado que a las féminas -quizá, en su visión, con menor bagaje lingüístico- tampoco iba a importarles demasiado una buena dosis de trapacería expresiva. También se ha dado el portazo, por supuesto, a las autoras que consideran que existe una huella de dominio de un sexo sobre el otro en el idioma, pero que eso no se soluciona con feos y artificiosos parches.
  2. Hay aquí algunos equívocos que conviene aclarar. En el amplio abanico de posiciones sobre el uso del masculino para el género no marcado hallamos, por ejemplo, mujeres preocupadas por la cuestión feminista que consideran que la regla citada carece de relevancia en el debate, es una característica “inocente” del sistema lingüístico y, por tanto, la preocupación política debe ir por otros derroteros sociales. Es más, precisamente -como ya dijimos- se ha reprochado a menudo al “lenguaje inclusivo” y a la insistencia en su uso una función de maquillaje o de narcótico para evitar la discusión sobre desigualdades efectivas (en ámbitos laborales, familiares, etc.). Por supuesto, esta crítica no ha hecho mella en los que empuñan el papel mágico del lenguaje en la configuración de la realidad. Algún autor, por cierto, ha anotado que la insistencia obsesiva en el uso de un supuesto “lenguaje inclusivo” podría debilitar y aún perjudicar la causa feminista, que no se merecería esta broma. Pero de este riesgo no se registra ninguna conciencia y su alusión para nada amilana a los reformadores del habla.
  3. Otra postura, no obstante, entiende que la presencia de esa norma de uso del masculino genérico deriva, efectivamente, de tiempos de dominación patriarcal, no del todo superados. Sin embargo, se considera que las alternativas hasta ahora expuestas son inapropiadas y mueven al escarnio (sobre esto último hablaremos posteriormente).
  4. Es decir, no existe una correlación directa entre la asunción de principios feministas (dicho esto con una cierta amplitud e imprecisión) y el uso del llamado “lenguaje inclusivo”. Se puede estar profundamente preocupado por la igualdad formal y real de las personas de diferente sexo y rechazar al mismo tiempo el uso de la complicación “inclusiva”. Y, viceversa, puede advertirse un enorme desinterés por estos desequilibrios e inequidades sociales que, no obstante, se disimula con un vibrante empleo de dobletes y otras martingalas.
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Artículos relacionados:

Sábados exclusivos*.

Dissabtes exclusius.**.

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Murray on gender, race and identity theories (I)

            1.-Douglas Murray studies «The Marxist Foundations» of the new movements about gender, race and identity on pages 51-63 of his book «The Madness of Crowds: Gender, Race and Identity» (2019-2020). To begin with, he notes the change of target:

            “Just as Marxism was meant to free the labourer and share the wealth around, so in this new version of an old claim, the power of the patriarchal white males must be taken away and shared around more fairly with the relevant minority groups”.

            Murray then reminds us that we are dealing with a genuine ideology. Certainly, “this new ideology was not taken especially seriously by its opponents”. What was the reason? : “Some of its claims seemed so laughable, and its inherent contradictions so clear, that coherent criticism was almost absent”.

            But, at the end, these new ideas about gender, race and identity –approximately the famous “woke culture”-, effectively work as an ideology which, like any other, “provides a lens for understanding the world and a purpose for an individual’s actions and life whitin the world”.

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            2.-What is the main trend in the formation of these ideas? Probably you know the answer. It is very clear the footprint of Marxist and post-Marxist authors. Firstly, Michel Foucault and his “monomaniacal lens” of power:

            “From Michel Foucault these thinkers absorbed their idea of society not as an infinitely complex system of trust and traditions that have evolved over time, but always in the unforgiving light cast when everything is viewed solely through the prism of “power”.”

            I am witness, in the field of urban planning, to the often ridiculous research to detect a male power that is organising the city and its smallest details. Murray reacts: “Of course power exists as a force in the world, but so do charity, forgiveness and love”. By the way, this distorting prism allows us to understand another of the slogans of this movement: “the personal is political” (the unfortunate motto popularised by Carol Hanish).

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            3.-But not only Foucault and Marx are the well-known parents. We find too Antonio Gramsci, from which they absorbed his “notion of culture as a “hegemonic force” the control of which is at least as important as the working class”. And from Gilles Deleuze they take the idea that “the role of the individual is to see through and undo the web that the culture you were born into has wound around you”. This is the final result, with appropriate irony from Murray:

            “And always and everywhere is the aim –taken from French literary theory- to “deconstruct” everything. To “deconstruct” something is as significant in academia as “constructing” things in the rest of society. Indeed, it is one curiosity of academia in recent decades that it has found almost nothing it does not wish to deconstruct, apart from itself”.

            I would say that there is a peculiar coincidence between the obsession with deconstructing and the obsession with the transversal analysis of all public policies (advocated by feminist mainstream since the Beijing summit, 1995).

Herramientas específicas para demoliciones de edificios

(Source:here)

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La perspectiva de género como simple cláusula de estilo. El ejemplo del Decreto vasco sobre habitabilidad de las viviendas.

Parents-and-children.jpg

(Fuente:aquí).

         1.-La discusión –con “perspectiva de género”- del borrador del Decreto de condiciones mínimas de habitabilidad de las viviendas del País Vasco dio lugar a un cierto debate público regido principalmente por el chascarrillo fácil y las bromas sobre las peculiaridades sociológicas de esta Comunidad Autónoma. Hoy mismo se ha publicado ya el Decreto 80/2022, de 28 de junio, de regulación de las condiciones mínimas de habitabilidad y normas de diseño de las viviendas y alojamientos dotacionales en la Comunidad Autónoma del País Vasco.

            Existía, por tanto, cierta expectación y había habido ya algunos estudios que avalaban la relevancia de dicha perspectiva en las nuevas viviendas (véanse, por ejemplo, algunos de los artículos incluidos en el número 22 de Qüestions d’Habitatge:”Flexibilidad e igualdad de género en la vivienda”, 2019)

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            2.- La exposición de motivos se refiere a la cuestión nada menos que en tres ocasiones:

            -“ Además, resulta indispensable en la sociedad en la que vivimos que la habitabilidad contemple también cuestiones relacionadas con la accesibilidad universal y la perspectiva de género.”

            -“ Asimismo, se persigue mediante la aprobación de esta norma la incorporación efectiva de la perspectiva de género en el diseño de las nuevas viviendas en la Comunidad Autónoma del País Vasco, a fin de que todas las personas que vayan a habitar en las mismas lo hagan en condicio­nes de igualdad en relación con los espacios que las componen y las actividades que desarrollan.”

            -“ Por último, se debe señalar que la formulación y tramitación de este Decreto se ha sujetado a lo señalado en los artículos 19 a 21 de la Ley 4/2005, de 18 de febrero, para la Igualdad de Mujeres y Hombres, así como a las directrices para la realización de la evaluación previa del impacto en fun­ción del género y la incorporación de medidas para eliminar desigualdades y promover la igualdad de mujeres y hombres aprobadas por Acuerdo del Consejo de Gobierno de 21 de agosto de 2012.”

            Sin embargo, lo cierto es que todas esas menciones son simplemente una claúsula de estilo, de forma similar a lo que ya ocurre con las mismas o similares palabras en el texto refundido de la Ley del Suelo estatal. Veámoslo con más calma.

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            3.-El Decreto que comentamos es una muestra perfecta de la neutralidad de la normativa arquitectónica en estos temas. Como no podía ser de otra manera, predomina la visión higiénica y funcional antes que cualquier otra consideración. El Decreto es inevitablemente reglamentista en la medida en que estas normas lo son casi por naturaleza. Esto disgustará quizás a algunos usuarios, pero la mejora generalizada de las condiciones de habitabilidad (dimensiones, ventilación e iluminación)  es una regla asumida por la legislación en las ciudades occidentales en los últimos ciento cincuenta años.

            La discutida querella de las cocinas (que absurdamente se había conectado a unas esencias de género) se resuelve al final de un modo tradicional, con una asignación mínima de 7 m2 (se prevén 13 m2 para el salón comedor). La famosa polémica sobre su ampliación tiene poco que ver con roles de género y, más bien, con la instalación del equipo mínimo e imperativo para cocinas  y con la solución –que también impone el Decreto- para las necesidades de almacenamiento.

            Es cierto que hay una llamada genérica a la versatilidad y a la flexibilidad (regla 6 de las condiciones espaciales). Se trata de un viejo tema (recuerdo los famosos dibujos de Coderch al respecto), que está más vinculado con el envejecimiento, la soledad  y los nidos vacíos que con cuestiones de género. Por lo que veo, en fin, no se consagra el carácter obligatorio de la visibilidad de la cocina desde el comedor. Esta parece ser una preferencia del mercado que algunos estudiosos del género habían avalado (para que se viera quién está efectivamente en la cocina). Sin embargo, lo cierto es que la regla ordinaria parece ser la previsión de una puerta de acceso a la cocina (número 2 del apartado I.-B.3).- En este sentido, el Decreto se muestra conservador (y puede haber buenas razones de ahorro energético en esa dirección, aunque la cocina quede cerrada y no se vea quién la sufre).

            Por último, en fin, menudean las cargantes expresiones del tipo “las personas usuarias” y, dentro de la línea pedante, se llama  a la cocina “espacio para cocinar”. Bueno, se le llama de las dos maneras, para evitar equívocos. El mismo jueguecito se sigue con los sintagmas “espacio para ciclo de ropa/lavadero»; “espacio para tender/tendedero»; “espacios de habitación /habitaciones», “espacios para aseo/aseo»…Peor suerte tuvo el almacén, que es sustituido in totum por “espacios de almacenamiento”·.

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No debe el argumento de género ser genérico (anotación a la sentencia del Tribunal Supremo de 11 de febrero de 2022).

         1.-Mi estimada colega Isabel Pont me pasa un comentario del siempre avispado y sugerente JR Chaves sobre la sentencia de la Sala Tercera del Tribunal Supremo de 11 de febrero de 2022. En ella, el Alto Tribunal desestima la anulación de un Plan General de Ordenación urbana por falta de  informe de género. La razón es sencilla y concuerda con una jurisprudencia ya asentada: la normativa autonómica (gallega, en este caso) no exigía el preceptivo informe de género.

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         2.- Es cierto que, en la demanda inicial, se aludió además a la “falta de estudio” de algunas cuestiones relacionadas con el género e incluso al insuficiente uso del femenino en la redacción del plan. Entre las primeras aparecen la asunción de las cargas propias de los padres y de las familias, el análisis de las unidades familiares o las situaciones de exclusión social en relación con el género.

         El Tribunal Superior de Justicia entendió que estos aspectos de género eran demasiado genéricos (disculpen la reiteración de la simplona figura expresada en el título). En efecto, no se sabe muy bien cómo encajar estas cuentas en el sagrado molde de la igualdad ante la ley ni cómo va a solucionarlo el Plan.

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         3.-Aún intentaría el demandante, ya en trámite de conclusiones, introducir cuestiones nuevas sobre la atención a la maternidad fuera del Centro de Salud (y, por tanto, en unas dependencias auxiliares), sobre la falta de guarderías, la atención odontológica o de fisioterapia o los equipamientos específicos para mujeres.

         El voto particular intentó salvar este listado con la regla de la facilidad  de prueba en la posición administrativa. Pero la Sala ya había recordado la implacable preclusión de la fase probatoria. Y, de paso, nos vino a instruir sobre es escaso recorrido de invocar la desigualdad a humo de pajas.

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Funcionarias, no; esclavas, sí.

Londres Nueva York Tokio Y Moscú Relojes

         1.-El Colegio de Abogados de Barcelona (ahora llamado, de forma  imprecisa, “Colegio de la Abogacía”), emitió un comunicado de prensa hace unos días (el 6 de abril) mostrando su preocupación ante el ataque de una reciente sentencia a los períodos inhábiles para la presentación de escritos. Se trataba, en concreto, de la sentencia dictada por la Sección 4ª de la Audiencia Provincial de Zaragoza (287/2020, de 20 de noviembre), que disponía que “si la parte lo puede presentar telemáticamente [el escrito en cuestión] aunque sea en tiempo procesalmente inhábil, debe así presentarlo si quiere respetar el plazo sustantivo”. Es decir, el plazo sustantivo ya no va a verse alargado por el comodín de los días inhábiles procesalmente, ya que “no hay ahora dificultad material en la presentación de escritos en cualquier hora y día”.

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         2.-Habrá que ver, no obstante, cómo se va articulando jurisprudencialmente esa primera decisión. Sin embargo, me llamó  la atención en el comunicado el  juego freudiano y sorprendente con  el lenguaje duplicativo.

   El texto empieza de forma vibrante y políticamente correcta, ya que “se considera que los abogados y abogadas tienen derecho a la desconexión digital”. La cosa sigue más o menos en el mismo nivel, con  el pesado y habitual “los profesionales de la abogacía” y la horrenda –por abstracta e imprecisa- “ciudadanía”. Hasta aquí, pocas sorpresas, dentro del carácter farragoso e innecesario  de estas maneras de expresarse.

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         3.-La cosa se calienta un poco más adelante. El  texto, como hemos avanzado, reivindica los derechos de “los profesionales de la abogacía” y de “la ciudadanía” y considera que también deben respetarse los de “los funcionarios públicos”. Es curioso. Parece que, para el texto, sólo los hombres tienen derecho a ser funcionarios (lo cual es contrafactual, teniendo en cuenta que la Administración de Justicia es ya un ámbito mayoritariamente femenino). En la cargante fórmula con la que se inició el comunicado, lo lógico hubiera sido decir “funcionarios y funcionarias” (no creo que se hubieran atrevido con el aquí incorrecto y siempre soso “funcionariado”).

         En efecto, suele ocurrir que el lenguaje duplicativo pierde fuelle en los escritos a medida que avanzan las palabras (del mismo modo que se va desinflando en el lenguaje oral, más allá de la inicial presentación). Lo mismo le ocurre a éste cuando llega al final y se lanza a los cuatro vientos la  negativa a “que las actuales tecnologías nos hagan esclavos de plazos y notificaciones los 365 días del año, las 24 horas del día”. Sin duda, ha de escribirse “nos hagan esclavos y esclavas” (incluso tendría un efecto estético si se siguiera  hablando “de plazos y de notificaciones”). En caso contrario, pudiera ocurrir que el lector –honestamente- leyera que el Colegio de Abogados no quiere esclavos, pero nada ha dicho sobre las esclavas. Qué tontería, ¿verdad?. Evidentemente. Está claro que con “esclavos” también incluyo “esclavas” (y con abogados, pues las abogadas; y con ciudadanos, las ciudadanas; y con los estudiantes, las estudiantes…).

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(foto: pixabay).

Se nace mujer

       1.-Uno de los temas más discutidos en el programa del feminismo dominante es la imposición o recomendación de cuotas de ambos sexos en órganos políticos, de decisión económica o simplemente en censos de profesionales. Ya habíamos comentado, no obstante, que ese punto iba a ser de los primeros en caer ante el empuje de las últimas oleadas del movimiento, que ya van por otros derroteros.

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       2.-En esta contexto, es refrescante repasar otras visiones que – aunque preocupadas por la igualdad- no tenían demasiada prisa en asumir roles masculinos tradicionales y ya desgastados. Se trata de argumentos que, en otro marco, recuerdan la obra de Warner y de algunos activistas del movimiento gay, que consideraban absurdo que una corriente tan rompedora como ésta se entretuviera en acceder al matrimonio, justamente una institución caduca ( y represiva, según su formulación).

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       3.-Como estamos en el apartado de “Imágenes del Derecho”, traemos hoy una canción  alegre e irónica escrita por Maria Aurèlia Campmany –una de las cimas del pensamiento feminista en Cataluña-  e interpretada por Marina Rossell. Con toda la frescura y la alegría de las mujeres, antes de que el académico o el burócrata les construyan el género.

    Canción: Sóc una dona.

   Letra (Maria Aurèlia Campmany):

Sóc una dona, ja ho veus, una dona.
Sóc una dona i no hi vull fer res.
Sóc una dona, res més que una dona:
no seré mai un carrabiner.

Sóc una dona, ben ferma i rodona.
Sóc una dona, ja ho deus haver clissat.
Sóc una dona i això és cosa bona:
no seré mai un barbut magistrat.

Sóc una dona amb dos pits i una poma.
Sóc una dona amb l’hormona que cal.
Sóc una dona i això ja no és broma:
no seré mai capità general

Sóc una dona i n’estic ben contenta.
Sóc una dona i no hi trobo entrebanc.
Sóc una dona i això ja m’orienta:
no seré mai director d’un banc.

Sóc una dona i amb bona harmonia,
sóc la mestressa del meu propi cos.
No seré bisbe ni tampoc policia,
cosa que em posa de molt bon humor.(1).

Maria Aurèlia Campmany y Montserrat Roig, en un acto en defensa de la libertad de expresión en la Universidad de Barcelona (1981). Foto: Robert Ramos.

(1) Traducción al castellano:

Soy una mujer, ya ves, una mujer.
Soy una mujer y no voy a tocarlo.
Soy una mujer, nada más que una mujer:
no seré nunca un carabinero.

Soy una mujer, bien firme y redonda.
Soy una mujer, ya lo habrás calado.
Soy una mujer y eso es cosa buena:
no seré nunca un barbudo magistrado.

Soy una mujer con dos pechos y una manzana.
Soy una mujer, con la hormona justa.
Soy una mujer, y esto ya no es broma:
no seré nunca capitán general

Soy una mujer y estoy bien contenta.
Soy una mujer y no le veo pegas.
Soy una mujer, y eso ya me orienta:
no seré nunca director de un banco.

Soy una mujer y con buena armonía,
soy la dueña de mi propio cuerpo.
No seré obispo ni tampoco policía,
cosa que me pone de muy buen humor.

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Notas para aclararse en el magma de las corrientes feministas (y V).-Foucault rompe el partido.

al aire libre, amor, arquitectura

(Fuente: Alexander Nikulin).

       1.-Para concluir nuestra apretada síntesis, daremos hoy algunas pistas sobre el último jugador que ha entrado en el terreno. Se trata de la corriente “transgénero” y de la teoría queer. No es una formación homogénea[1], pero sí ha apuntalado algunas propuestas comunes. De entrada, niegan la existencia de un dimorfismo sexual de base y consideran que es el género el que crea el sexo, pero que ambos son fluidos, operan en la práctica como una performance y, en definitiva, deben quedar siempre bajo la voluntad del sujeto[2]. De ahí el famoso dogma de la autopercepción.

        Es cierto que el núcleo principal de estas ideas fue articulado por Judith Butler, pero el paisaje de fondo de Foucault ha sido determinante. No me resisto a añadir el siguiente párrafo de uno de los mejores exégetas del autor francés, el profesor Antonio Serrano[3]:

        “En ese trabajo crítico por ir más allá de lo que ya se sabe, por intentar conocer si es posible pensar de otra manera, Foucault vuelve a apresar la cuestión de la formación del sujeto en L’usage des plaisirs y Le souci de soi (1984), esta vez desde la perspectiva del deseo y la sexualidad. Rechazando esa explicación idealista que habla de una líbido natural, libre, emancipadora, que habría sido objeto de diversas concepciones a lo largo de la historia y que se habría visto eternamente reprimida por todo tipo de prescripciones morales, religiosas y penales, Foucault ha conseguido esta vez afinar de una forma más precisa su preocupación de siempre: ¿Cómo ha empezado el individuo a prestar atención hacia  sí mismo, a descifrarse, a pensarse, a cuidarse, a verse como sujeto moral y de deseo, a creer que la verdad de nosotros mismos se encuentra en ese lugar secreto del sexo, en ese “fragmento de noche” que cada uno lleva dentro de sí?”[4].

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        2.-La primera pauta que propugna esta tendencia es la aceleración médica y bajo cobertura sanitaria pública del cambio de sexo en las situaciones de hermafroditismo y disforia. Ahora bien, la tesis fuerte es la decisión y certificación  de la propia orientación en base a una mera declaración de voluntad (en lo que se conoce como «despatologización» de la transexualidad). Ello nos pone frente a un dilema legal interesante: ¿debe el ordenamiento registrar y tener en cuenta las diversas elecciones personales a lo largo de la vida o, sencillamente, ha de renunciar de una vez a tomar en consideración el dato del sexo en las relaciones jurídicas?

        Desde otra perspectiva, el programa trans arruina el proyecto reformador que ha construido el feminismo dominante. No  es sólo una cuestión de baños únicos o de  deportes competitivos con individuos de diferente sexo en la misma clasificación. Se trata, por ejemplo, de que sería fácil para el maltratador evitar una mayor pena si  se inscribe como mujer antes del delito. Si lo hace después, su  mutación implicará su traslado a una prisión de mujeres (éste es un tema que ya se ha discutido en otros países  y no sólo con respecto a cárceles, sino también para casas de acogida).

        Por otra parte –y seguimos con la demolición del estatuto mainstream-  los informes de género para la elaboración de normas pierden sus sentido, ya que se diluyen en una marea variable de identidades múltiples. El llamado lenguaje inclusivo, en fin, se desparrama en una multitud de pronombres que se encargan de elegir los mismos sujetos aludidos (como pasa ya de hecho en algunos campus norteamericanos).

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        3.-Es probable que el lector se sorprenda ante lo estrafalario o impracticable de estas medidas. No obstante, su éxito en ciertos medios de comunicación autocalificados como vanguardistas[5] y su probable fusión con ciertas pautas del transhumanismo le auguran un futuro prometedor para algunos o inquietante para otros.

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[1] En realidad, no es perfectamente uniforme ninguna de las tendencias feministas que hemos expuesto. Ahora bien, he procurado describir los puntos de vista que han ido asentando y las consecuencias que de ellos se derivan.

[2] Obsérvese que no son estas doctrinas las únicas que propugnan la evitación de discriminaciones contra los homosexuales. En este punto, el acuerdo es absoluto en todas las corrientes  examinadas y está respaldado por un amplio consenso social.

[3] SERRANO GONZÁLEZ, A.:Michel Foucault. Sujeto, derecho , poder, Zaragoza, 1987, p.29.

[4] Pueden verse estas ideas en la obra de FOUCAULT, L’usage des plaisirs II,Histoire de la sexualité, Paris , Gallimard, 1984, pp. 15 y ss. Como remacha SERRANO, Foucault nos propone “el ejercicio de desmontarnos como sujetos y como conciencia, de desactivar nuestra “verdad”, de desprendernos, en fin, de nosotros mismos” (Op. cit. , p. 29).

[5] La exaltación de la subjetividad propia del romanticismo y llevada al extremo, por ejemplo, en el expresionismo alemán, ha acabado siendo la tierra abonada para la explosión queer. De ahí también la marca occidental de este desarrollo, que apenas ha penetrado en otras culturas del mundo.

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Notas para aclararse en el magma de las corrientes feministas (IV).-La construcción de la escuela hegemónica.

antiguo, Arte, artístico(Fuente: *)

        1.-El marxismo entró con fuerza en nuestro debate a través de Engels y su obra El origen de la familia, la propiedad privada y  el Estado. El autor sostiene que en el matrimonio monógamo capitalista el hombre ocupa la posición del burgués. El enfrentamiento entre sexos es la manifestación a nivel doméstico de la lucha de clases y sólo la llegada del comunismo podría disolverla.

        No obstante, la igualdad legal establecida por el socialismo real no se tradujo en modo alguno en un mayor acceso de las mujeres a los puestos clave de la vida social o política (salvo en algunas organizaciones especializadas). Por otra parte, la crítica doctrinal a la sociedad de consumo no advirtió el importante papel que ésta ha tenido en la liberación femenina.

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        2.-A finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, florece en los Estados Unidos el Women’s Movement. Después de lograr algunos avances legales en favor de la igualdad, acaba poniéndose sobre el tapete la famosa frase de Carol Hanischlo personal es político[1]. Esta “repolitización”  de lo sexual y lo doméstico se combinará con la recuperación de Simone de Beauvoir, de su libro El segundo sexo  y de su conocida sentencia: “no se nace mujer, se llega a serlo”. En esta última oración se guarda el diamante del feminismo imperante: la noción de género.

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        3.-Estamos ante un término que aparece en muchos contextos y que merece diversos matices. (“perspectiva de género”, “violencia de género”, etc.). Para profundizar en ellos, me remito a la magnífica obra de Pablo de Lora, Lo sexual es político (y jurídico).

        Ahora bien, me interesa resaltar dos aspectos. En primer lugar, se considera normalmente que el género femenino es el rol personal y social que se asigna a las que son biológicamente mujeres. Es decir, no se niega aún el dimorfismo sexual (a diferencia de las corrientes queer o trans que examinaremos el viernes, en nuestro siguiente artículo).

        En segundo lugar, partiendo de la premisa de la “desigualdad estructural de género”[2], el feminismo triunfante  -a diferencia de la posición liberal- es fuertemente intervencionista. Éste es un dato relevante para el jurista y puede observarse su concreción en el fomento de un Derecho penal  con mayor punición para los hombres (con el objeto de prevenir una previa violencia de base), los preceptivos informes de género en los procedimientos legislativos y de elaboración de normas reglamentarias (por ejemplo, en planes de urbanismo), la imposición de cuotas en procedimientos electorales o de constitución de órganos políticos –incluso en corporaciones privadas-, la modificación de planes y materias de estudio, el levantamiento de un neolenguaje de corrección, etc.

        Como es fácil intuir, se trata de la tendencia dominante en la actualidad. No obstante, como veremos en la siguiente y última nota, su preponderancia está siendo socavada por los nuevos desarrollos del feminismo.

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[1]Evidentemente, estamos abusando del trazo grueso porque el lector ya puede suponer que, justo en la época citada, se inician las ya permanentes  “guerras culturales” basadas  en la tesis gramsciana de que no sólo importa lo económico, sino que las hegemonías sociales y políticas también se construyen a través de los valores, los relatos compartidos, las interpretaciones intelectuales de la realidad, etc. Por otra parte, hay que reseñar que el papel de la izquierda norteamericana va a ser fundamental en todo este proceso.

[2] Manifestada en un abanico de situaciones, que irían desde la pura y simple opresión hasta una sibilina invisibilidad.

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Notas para aclararse en el magma de las corrientes feministas (III).-La zona liberal.

  adentro, Arte, blanco y negro(Fuente:Zack Jarosz)

    1.-Sería absurdo unificar en este artículo las frondosas ramificaciones de una tendencia que, además, se describe a veces simplemente en oposición al feminismo hegemónico. Por otra parte, existen afortunadamente autores inclasificables. Por ejemplo, no me resisto a citar a la siempre sugerente Camille Paglia[1].

      Dicho esto, puede afirmarse que el núcleo de la posición liberal está en la igualdad de derechos, en la igualdad ante la ley a pesar del indiscutible dimorfismo sexual. Situaríamos su símbolo clásico en las sufragistas, que se curtieron en favor del voto femenino, y cabría seguir su pista en las transformaciones del Derecho matrimonial en la segunda mitad del siglo XX.

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     2.-Como hemos apuntado, el feminismo liberal admite –como dato evidente y científico- la bifurcación sexual. Por tanto, por simples motivos de seguridad, de justicia o de comodidad, no se juzgan negativamente patrones o actividades donde las personas de diferente sexo se expresan de forma separada. Por ejemplo, baños públicos diversos, juegos deportivos y clasificaciones distintas, etc. El tema puede parecer irrelevante, pero ha sido el caballo de batalla de ciertas corrientes que examinaremos más adelante.

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      3.-Construido el plano de la igualdad, ya puede operar el libre consentimiento, que sería la segunda pata de la tendencia que hoy describimos. Esta clave impregna una línea permisiva respecto a la robofilia, la zoofilia, la pornografía[2] o la prostitución. Ello no excluye, respecto a esta última, algunas medidas ad hoc (por ejemplo, sanitarias), pero la idea rectora es no entrometerse en el consentimiento libremente emitido.  El feminismo liberal no es abolicionista.

      Más discusiones genera, sin embargo, la cuestión de la pedofilia, con posiciones dubitativas de algunos autores (en todas las corrientes feministas, por cierto) respecto a la “edad borrosa”. No obstante, la robusta prueba de los daños persistentes en la salud psicológica justifica por ahora un rechazo mayoritario.

      En la misma línea, como es fácil intuir, se bendicen los acuerdos reproductivos y la gestación subrogada. En cambio, no detecto una postura común en relación a la institución matrimonial, que se ha vaciado de sentido con la regulación del matrimonio homosexual (en efecto, una vez zanjado que la diferenciación sexual no es su esencia, nada impide que reclamen su legalización otras combinaciones grupales o “redes de cuidados”, como se dice a veces).

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[1] Una parte de su obra se ha traducido al castellano. Puede verse una recopilación de algunos de sus artículos en su librito Feminismo pasado y presente.

[2] Aunque ello no sería óbice para justificar restricciones en favor de la infancia.

Notas para aclararse en el magma de las corrientes feministas (II).-El añejo sector reticente.

Violación de la mujer Sabine — Foto de Stock       1.-Se da por supuesto que los postulados elementales del feminismo son aceptados unánimemente, al menos en la órbita occidental. Sin embargo, la primera postura que  pondré sobre el tapete podría ser calificada como su impugnación frontal. Es un pensamiento que admite que la diferenciación sexual suele conllevar distintos papeles sociales, pero que no podemos hablar ni de “género” ni de discriminación. Existe, pues, una división de tareas y funciones, pero no ha sido injusta o perjudicial para las mujeres.

        La versión más extrema apunta a que la alcoba o, en general, el ámbito doméstico e íntimo corrigen el minoritario protagonismo colectivo de las féminas. En esta línea se argumenta que, a lo largo del tiempo, los hombres han asumido los trabajos más penosos (con el paradigma de su participación en las actividades militares y defensivas). Por tanto, lo que simplemente ocurre es que se distribuyen derechos y cargas a partir del dato biológico.

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        2.-Una aguda derivación de la posición que estamos comentando enfoca ejemplos más o menos reales como el de cierta imagen de la sociedad vasca tradicional, con su fuerte aroma a matriarcado. Los hombres se volcaban en el duro oficio de la mar, con largas ausencias y altísimos riesgos. Por su parte, las mujeres asumían la administración del patrimonio familiar, el cuidado de los hijos y el asentamiento de los patrones éticos del clan. Cuando el marido (e incluso el abuelo y los hijos mayores) volvían a puerto, los roles se mantenían. Se dice que no había en todo esto desequilibrio inequitativo, sino asunción de derechos y facultades que se compensaban con cargas y deberes.

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        3.- La corriente que hemos expuesto es hoy minoritaria. Ahora bien, tienen  aún predicamento lo que podríamos denominar “islotes tradicionales”. Por ejemplo, algunos consideran que del dimorfismo sexual brota “la condición femenina” y que ello tiene consecuencias sociales y jurídicas. De ahí nace la tesis de una mayor punición penal de los ataques a la mujer, a causa de su mayor debilidad física. Esta inspiración ha estado presente en nuestro código penal hasta fechas bien recientes[1] (y conecta con la base moral de la inmensa mayoría de la población, que condena agriamente la cobardía de esta clase de agresiones). En el mismo estante del tratamiento normativo diferenciado podríamos situar el gobierno de la Iglesia Católica, con compartimentos estancos para ambos sexos.

        Como es fácil intuir, en este abanico de doctrinas no es necesario el artefacto conceptual del género y se considera que la disparidad de los quehaceres nace de forma natural a partir de la bifurcación sexual. Más que la igualdad interesa aquí la protección a las mujeres, la idealización o ensalzamiento de la condición femenina, etc. En definitiva, pues, roles distintos y regímenes jurídicos diferenciados. No obstante, incluso dentro de estas orientaciones sería ya muy rara la defensa de ciertas discriminaciones flagrantes como, por ejemplo, la vieja licencia marital. Es decir, la gran oleada del feminismo liberal ha ido desgastando la roca de estas construcciones. Lo veremos mañana.

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[1] En realidad, siempre reaparece, incluso bajo ropajes progresistas y à la page.