Murray on gender, race and identity theories (I)

            1.-Douglas Murray studies «The Marxist Foundations» of the new movements about gender, race and identity on pages 51-63 of his book «The Madness of Crowds: Gender, Race and Identity» (2019-2020). To begin with, he notes the change of target:

            “Just as Marxism was meant to free the labourer and share the wealth around, so in this new version of an old claim, the power of the patriarchal white males must be taken away and shared around more fairly with the relevant minority groups”.

            Murray then reminds us that we are dealing with a genuine ideology. Certainly, “this new ideology was not taken especially seriously by its opponents”. What was the reason? : “Some of its claims seemed so laughable, and its inherent contradictions so clear, that coherent criticism was almost absent”.

            But, at the end, these new ideas about gender, race and identity –approximately the famous “woke culture”-, effectively work as an ideology which, like any other, “provides a lens for understanding the world and a purpose for an individual’s actions and life whitin the world”.

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            2.-What is the main trend in the formation of these ideas? Probably you know the answer. It is very clear the footprint of Marxist and post-Marxist authors. Firstly, Michel Foucault and his “monomaniacal lens” of power:

            “From Michel Foucault these thinkers absorbed their idea of society not as an infinitely complex system of trust and traditions that have evolved over time, but always in the unforgiving light cast when everything is viewed solely through the prism of “power”.”

            I am witness, in the field of urban planning, to the often ridiculous research to detect a male power that is organising the city and its smallest details. Murray reacts: “Of course power exists as a force in the world, but so do charity, forgiveness and love”. By the way, this distorting prism allows us to understand another of the slogans of this movement: “the personal is political” (the unfortunate motto popularised by Carol Hanish).

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            3.-But not only Foucault and Marx are the well-known parents. We find too Antonio Gramsci, from which they absorbed his “notion of culture as a “hegemonic force” the control of which is at least as important as the working class”. And from Gilles Deleuze they take the idea that “the role of the individual is to see through and undo the web that the culture you were born into has wound around you”. This is the final result, with appropriate irony from Murray:

            “And always and everywhere is the aim –taken from French literary theory- to “deconstruct” everything. To “deconstruct” something is as significant in academia as “constructing” things in the rest of society. Indeed, it is one curiosity of academia in recent decades that it has found almost nothing it does not wish to deconstruct, apart from itself”.

            I would say that there is a peculiar coincidence between the obsession with deconstructing and the obsession with the transversal analysis of all public policies (advocated by feminist mainstream since the Beijing summit, 1995).

Herramientas específicas para demoliciones de edificios

(Source:here)

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Notas para aclararse en el magma de las corrientes feministas (y V).-Foucault rompe el partido.

al aire libre, amor, arquitectura

(Fuente: Alexander Nikulin).

       1.-Para concluir nuestra apretada síntesis, daremos hoy algunas pistas sobre el último jugador que ha entrado en el terreno. Se trata de la corriente “transgénero” y de la teoría queer. No es una formación homogénea[1], pero sí ha apuntalado algunas propuestas comunes. De entrada, niegan la existencia de un dimorfismo sexual de base y consideran que es el género el que crea el sexo, pero que ambos son fluidos, operan en la práctica como una performance y, en definitiva, deben quedar siempre bajo la voluntad del sujeto[2]. De ahí el famoso dogma de la autopercepción.

        Es cierto que el núcleo principal de estas ideas fue articulado por Judith Butler, pero el paisaje de fondo de Foucault ha sido determinante. No me resisto a añadir el siguiente párrafo de uno de los mejores exégetas del autor francés, el profesor Antonio Serrano[3]:

        “En ese trabajo crítico por ir más allá de lo que ya se sabe, por intentar conocer si es posible pensar de otra manera, Foucault vuelve a apresar la cuestión de la formación del sujeto en L’usage des plaisirs y Le souci de soi (1984), esta vez desde la perspectiva del deseo y la sexualidad. Rechazando esa explicación idealista que habla de una líbido natural, libre, emancipadora, que habría sido objeto de diversas concepciones a lo largo de la historia y que se habría visto eternamente reprimida por todo tipo de prescripciones morales, religiosas y penales, Foucault ha conseguido esta vez afinar de una forma más precisa su preocupación de siempre: ¿Cómo ha empezado el individuo a prestar atención hacia  sí mismo, a descifrarse, a pensarse, a cuidarse, a verse como sujeto moral y de deseo, a creer que la verdad de nosotros mismos se encuentra en ese lugar secreto del sexo, en ese “fragmento de noche” que cada uno lleva dentro de sí?”[4].

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        2.-La primera pauta que propugna esta tendencia es la aceleración médica y bajo cobertura sanitaria pública del cambio de sexo en las situaciones de hermafroditismo y disforia. Ahora bien, la tesis fuerte es la decisión y certificación  de la propia orientación en base a una mera declaración de voluntad (en lo que se conoce como «despatologización» de la transexualidad). Ello nos pone frente a un dilema legal interesante: ¿debe el ordenamiento registrar y tener en cuenta las diversas elecciones personales a lo largo de la vida o, sencillamente, ha de renunciar de una vez a tomar en consideración el dato del sexo en las relaciones jurídicas?

        Desde otra perspectiva, el programa trans arruina el proyecto reformador que ha construido el feminismo dominante. No  es sólo una cuestión de baños únicos o de  deportes competitivos con individuos de diferente sexo en la misma clasificación. Se trata, por ejemplo, de que sería fácil para el maltratador evitar una mayor pena si  se inscribe como mujer antes del delito. Si lo hace después, su  mutación implicará su traslado a una prisión de mujeres (éste es un tema que ya se ha discutido en otros países  y no sólo con respecto a cárceles, sino también para casas de acogida).

        Por otra parte –y seguimos con la demolición del estatuto mainstream-  los informes de género para la elaboración de normas pierden sus sentido, ya que se diluyen en una marea variable de identidades múltiples. El llamado lenguaje inclusivo, en fin, se desparrama en una multitud de pronombres que se encargan de elegir los mismos sujetos aludidos (como pasa ya de hecho en algunos campus norteamericanos).

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        3.-Es probable que el lector se sorprenda ante lo estrafalario o impracticable de estas medidas. No obstante, su éxito en ciertos medios de comunicación autocalificados como vanguardistas[5] y su probable fusión con ciertas pautas del transhumanismo le auguran un futuro prometedor para algunos o inquietante para otros.

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[1] En realidad, no es perfectamente uniforme ninguna de las tendencias feministas que hemos expuesto. Ahora bien, he procurado describir los puntos de vista que han ido asentando y las consecuencias que de ellos se derivan.

[2] Obsérvese que no son estas doctrinas las únicas que propugnan la evitación de discriminaciones contra los homosexuales. En este punto, el acuerdo es absoluto en todas las corrientes  examinadas y está respaldado por un amplio consenso social.

[3] SERRANO GONZÁLEZ, A.:Michel Foucault. Sujeto, derecho , poder, Zaragoza, 1987, p.29.

[4] Pueden verse estas ideas en la obra de FOUCAULT, L’usage des plaisirs II,Histoire de la sexualité, Paris , Gallimard, 1984, pp. 15 y ss. Como remacha SERRANO, Foucault nos propone “el ejercicio de desmontarnos como sujetos y como conciencia, de desactivar nuestra “verdad”, de desprendernos, en fin, de nosotros mismos” (Op. cit. , p. 29).

[5] La exaltación de la subjetividad propia del romanticismo y llevada al extremo, por ejemplo, en el expresionismo alemán, ha acabado siendo la tierra abonada para la explosión queer. De ahí también la marca occidental de este desarrollo, que apenas ha penetrado en otras culturas del mundo.

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