Kelsen en Granada ( y II).

«Dos años antes en 1954, la Universidad de Salamanca le había otorgado tal distinción, junto con otros juristas y científicos, con ocasión de su VII Centenario. En el acto de investidura, al que Kelsen no asistió, se otorgó la misma distinción al General Franco. Que Kelsen fuera “condenado y al mismo tiempo honoríficamente distinguido […] nos introduce de lleno en las contradicciones de nuestra historia necesitadas de interpretación” (Vega López, 2015).  Para conmemorar su VII Centenario –que realmente se había cumplido en 1918 si tenemos en cuenta que la creación de los estudios salmantinos por Alfonso IX tuvo lugar en 1218, aunque la concesión del título de Universidad por Real Cédula de Alfonso X el Sabio hubiera de esperar a 1254– la venerable Universidad salmantina concedió 19 doctorados honoris causa. Uno de ellos a Franco y los 18 restantes a distinguidos representantes de diversas ciencias, siendo mayoría –siete- los pertenecientes al mundo del derecho. Al acto celebrado el 10 de mayo de 1954 solo acudieron 10 doctores extranjeros. Los  ocho restantes fueron proclamados doctores en ausencia. Entre ellos, cinco eminentes juristas: Antonio Cicu, Felice Bataglia, Francesco Carnelutti, Alfred Verdross y el propio Kelsen.

Kelsen se negó a participar en un acto de acusado carácter propagandístico del régimen de Franco –y singularmente de ensalzamiento del dictador en lo que puede considerarse una de las páginas más vergonzosas de la universidad española- pero no rechazó la distinción y ello explica su interés –dos años después- por obtener el título acreditativo. Desde la perspectiva de Kelsen, la aceptación del título en modo alguno implicaba un compromiso con un régimen que, como demócrata, es de imaginar que repudiaría. Al fin y al cabo, Salamanca es una de las cuatro universidades más antiguas del mundo y en 2008 le retiró la distinción al dictador. En este contexto, lo relevante es subrayar que en abril de 1954 Kelsen se encontraba en Aix-en-Provence donde, como hemos visto, fue nombrado miembro honorario del Instituto de Derecho Internacional y fácilmente podría haberse desplazado esos días a Salamanca para asistir al acto de investidura. Pero quiso evitar coincidir con el General Franco y, sobre todo, se negó a  legitimar con su presencia el vergonzoso homenaje al personaje que representaba la negación de los principios de libertad y democracia que siempre defendió.

Un apunte adicional para cerrar el episodio. El reconocimiento a Kelsen tiene una explicación. Su artífice fue el entonces ministro de Educación, Joaquín Ruiz Jiménez, Catedrático de Derecho Natural y Filosofía del Derecho. Ignoramos si bajo la influencia de Legaz, el discípulo de Kelsen que –a diferencia de Recasens– apoyó el alzamiento de 18 de julio de 1936 y encontró acomodo en la Universidad franquista. En todo caso, Ruiz Giménez conocía bien el prestigio y la autoridad de Kelsen y, a pesar de que las teorías del fundador de la Escuela de Viena por positivistas, liberales y ateas se encontraban en las antípodas del iusnaturalismo católico tradicional impuesto como dogma de fe en la universidad española, en una hábil jugada que combinaba el aperturismo con el oportunismo, incluyó su nombre en la nómina de los finalmente elegidos para convertirse en doctores honoris causa.”

 

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Kelsen en Granada (I)

Francisco Franco recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca el 17 de mayo de 1954. Formaba parte de una lista de 19 galardonados con el mismo título, entre los que se encontraba Hans Kelsen. Me entero de esta peripecia mientras leo, en estos días, el magnífico libro de Josu de Miguel Bárcena y Javier Tajadura Tejada, Kelsen versus Schmitt. Política y derecho en la crisis del constitucionalismo (2018).

Creo que  esto ocurrió justamente en el mismo paraninfo en el que, unos años antes, se vivió el famoso rifirrafe entre Unamuno y Millán Astray (con una interesante intervención de José María Pemán, por cierto). Pero, en fin, una cosa son las grandes declamaciones y otra los trámites menores de la vida, que es a lo que apunta el fragmento que hoy transcribimos, tomado del libro citado. Obsérvese la relevancia –dentro de su modestia, claro- que tuvo el Congreso de 1956 en Granada, de cara a la consolidación internacional del régimen, que se aceleró en aquellos años por diversos motivos, ampliamente conocidos.

Siguiendo nuestra forma habitual, subrayamos en negrita algunos aspectos del texto, que –dada su extensión- dividiremos en dos partes. Acompañamos también el documental No-Do perteneciente al acto de 1954 y el enlace con el diario ABC de 15 de abril de 1956.

Kelsen estuvo en España en dos ocasiones. La primera, en mayo de 1940, fue una visita fugaz: la ya aludida escala en Barcelona para embarcarse hacia el exilio vía Lisboa. La segunda ocasión fue en abril de 1956. Entre los días 11 y 20 de abril de 1956 tuvo lugar en la Universidad de Granada la XLVII reunión del Institut de Droit International. El Instituto es una sociedad científica de carácter no gubernamental que celebra encuentros bianuales en distintas ciudades para no vincularse a ningún país en concreto. Su objetivo último coincide con una de las ideas claves del pensamiento de Kelsen: el logro de la paz a través del derecho. A la reunión de Granada acudieron 67 de los 117 miembros que entonces lo integraban. Procedían de los cinco continentes, aunque predominaban los representantes de los Estados europeos. Kelsen había sido nombrado miembro honorario del Instituto en su sesión anterior –celebrada en abril de 1954 en Aix-en-Provence– como representante de los Estados Unidos y en su condición de tal acudió al encuentro granadino. Evento que tuvo una gran importancia para la Universidad, para la ciudad, y para el régimen franquista.

La reunión fue presidida por José María Yanguas, Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad Central de Madrid que, en su discurso inaugural, se remontó a la escolástica clásica española para recordar a un ilustre granadino, Francisco Suárez, y reivindicar la fundamentación iusnaturalista del derecho internacional. “Ningún Estado se basta a sí mismo” había advertido Suárez en los comienzos del siglo XVII, anticipándose así tres siglos a nuestro tiempo, afirmó Yanguas en un discurso cuyo objetivo era contribuir a la estrategia de integración internacional del franquismo. “No sabemos –escribe Vega López– cómo pudo resonar a oídos de Kelsen, allí presente, esa inflamada vocación del fundamento iusnaturalista del Derecho Internacional […] pero es fácil de imaginar: como una doble contradictio in adiecto” (Vega López, 2105). Lo que sí se puede comprobar es que Kelsen no intervino en los debates y que solamente emitió un voto (afirmativo) en la primera de las propuestas sobre un asunto de Derecho Internacional Privado. No estuvo presente en ninguna de las seis últimas sesiones y tampoco asistió a la jornada de clausura. Su presencia fue más bien testimonial como correspondía  a su condición de miembro honorario y, probablemente, abandonó Granada después del 16 de abril. El domingo 15 de abril el diario ABC publicó una entrevista suya en la que se presentaba como “tratadista jurídico de renombre mundial y fundador de la llamada Escuela de Viena” (ABC, 15 de abril de 1956).

En todo caso, lo más significativo de aquella visita es que fue aprovechada por nuestro autor para interesarse ante las autoridades académicas franquistas por el título que lo acreditaba como doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca (Vega López, 2015). Se trata de un episodio poco conocido y que merece la pena reseñar.»

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