Etiqueta: Ortega y Gasset
Diarios para un confinamiento (XVIII).-Un mensaje tenue.
…Se quejaba Ortega y Gasset del presentismo de su época. En la edad contemporánea, escasean las mujeres de Lot que miren hacia atrás. Es, quizás, el orgullo del Progreso.
…Sin embargo, la epidemia abre un boquete en el túnel del tiempo y nos llega -como un eco aún muy lejano y casi inadvertido- la historia angustiosa y terrible del género humano: las guerras y las posguerras, las hambrunas, la tisis y la polio, siete años de vacas flacas…
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Elucubraciones sobre carrera docente y modelos universitarios.
… 1.-Sostiene Boix-Palop en uno de sus últimos artículos un mecanismo de promoción de docentes universitarios (básicamente, titulares y catedráticos) basado en la conversión automática de los tramos –o sexenios- de investigación ya reconocidos. Esto es, con tres sexenios, catedrático (o con cuatro, si se estima pertinente). Se trataría de un sistema claro, sin acreditaciones “globales” de por medio. El mismo autor avisa que su propuesta sería además un estupendo acicate para adecentar las evaluaciones de investigación y alisar sus sangrientas aristas.
… Hace unos años, quizás hubiera discrepado del compañero de Alicante, pero hoy me rindo ante la limpieza del artefacto que nos propone. Me recuerda incluso a la vieja carrera militar o judicial, con sus trabas para impedir la entrada súbita por el generalato.
…Ahora bien, me gustaría conectar este esquema –pulcro, previsible, ordenado- con su impacto en el funcionamiento de las universidades (al menos, en las que imparten las autodenominadas “ciencias sociales”).
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… 2.-La docencia no se valora. Esto ya lo damos por perdido y mejor no darle más vueltas (además, para qué vamos a engañarnos, sería demasiado complejo). El espacio natural de la calidad docente y de la formación de abogados y gentes del foro correspondería –y así lo entiende ya alguna corriente- a la universidad privada y a las academias de opositores. En gran parte, ya es así. De hecho, el mismo Estado jamás confió en la formación universitaria y prefirió imponer él mismo su programa, instrucción y maneras a sus cuerpos de élite. De hecho, si no estamos ya en este universo es a causa del bajo nivel de la universidad privada, con las dos o tres brillantes excepciones que todos conocemos.
…Por lo que respecta a la últimamente ensalzada “transferencia de conocimientos” y todo ese bla, bla, bla de la “conexión con el tejido empresarial”, la cosa quedaría en manos de los profesores con familia numerosa o con deseos inmoderados de salir a cenar los viernes. Con eso, ya estarían suficientemente valorados.
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… 3.-Insisto –y Boix Palop también lo hace- que la conversión reglada y automática de sexenios mejora claramente la situación actual. No obstante, probablemente el dibujo final mostrará una universidad muy orientada a la investigación, una universidad-CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Esto, en sí, es positivo (y no hay más que ver el efecto disciplinador que han tenido los tramos sobre los que vinimos al mundo con otras instrucciones). También habrá algunas molestias, claro, como la aparición en el cerebro de los researchers de la conocida ecuación “clase=estorbo”.
…Sin embargo, como avisaba Ortega en su “Misión de la Universidad”, necesitamos algunos investigadores y muchos profesores. Por tanto, los recortes se van a incrementar. En el campo de las ciencias sociales, va a ser fácil justificar que el país no necesita tantos centros de investigación (y menos aún de la jurídica, que vete a saber para qué sirve).
…Ya estoy oyendo a los revoltosos: «¡Se va a negar la enseñanza universitaria a las clases más humildes!» Bueno, pues ni eso nos salva: bastará pagar una beca a los mejores alumnos o a los más necesitados para que se matriculen en una universidad privada acreditada o para que preparen una oposición en las academias ya reconocidas. Se acabó, pues, toda esta inversión pública en terrenos, edificios, ordenadores, aparcamientos, profesores, bares, conserjes, aulas multiuso y uniuso, etc.
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Apuntes en torno a “Sobre el estudiar y el estudiante (primera lección de un curso)”, de Ortega y Gasset (y II)
…1.-El problema planteado por Ortega es más profundo en el campo del Derecho. En efecto, en alguna ocasión he defendido que es imposible estudiar Derecho antes de los veinticinco, treinta o más años (mejor cuarenta o más). El muchacho de veinte años es un auténtico imberbe jurídico. Para empezar, no ha vivido la cuestión de adquirir o alquilar una vivienda (con la honrosa pero muy relativa excepción de los alumnos foráneos con arrendamientos temporales). No se ha envuelto en un préstamo hipotecario. No ha establecido una relación jurídica matrimonial (o equiparable) ni ha notado en sus carnes la posterior ruptura, que el ordenamiento organiza. Normalmente, por cuestión de edad, su familia no ha sufrido el impacto de una muerte seguida de un proceso hereditario conflictivo.
…Este alumno aún no declara anualmente su renta a la Hacienda Pública ni firma todavía un contrato laboral del cual dependa su subsistencia. Quizá la relación jurídica más intensa con la que se enfrenta es la multa por infracción de tráfico (por eso cada año no faltan un par de preocupadas preguntas al respecto).
… En definitiva, sólo con el aguijón de los hirientes fenómenos citados podría hablarse de un auténtico y sincero estudio.
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…2.-El remedio que propone Ortega es el siguiente: “es preciso volver del revés la enseñanza y decir: enseñar no es primaria y fundamentalmente sino enseñar la necesidad de una ciencia, y no enseñar la ciencia cuya necesidad sea imposible hacer sentir al estudiante”.
…La propuesta orteguiana es radicalísima y difícil. Presentar “las soluciones de la asignatura” es sencillo (incluso yo mismo puedo hacerlo). Pero excavar las vetas que justifican la necesidad de una ciencia y exponer con rigor el mineral extraído es una tarea para férreos músculos intelectuales y docentes.
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…3.-El atractivo programa de Ortega choca con otra complicación. En nuestra educación reglada, enseñar es, a la vez, educar y también evaluar. Esta segunda (y desgraciada e inevitable) función es complejísima cuando hay que examinar si el alumno ha penetrado en los nudos problemáticos de la disciplina. Una prueba sobre “soluciones” puede plantearla y corregirla un ordenador para videojuegos. Pero una evaluación de los nudos conflictivos de la asignatura obligaría a larguísimas charlas con el futuro licenciado y casi, como decía don Agustín García Calvo, a un “curso indefinidamente abierto”.
…Son imponentes, pues, los obstáculos a la instrucción orteguiana. De hecho, creo que no llegó a desarrollar directamente estas tesis en sus escritos sobre pedagogía y, en algún punto, chocan con las conclusiones de su “Misión de la universidad”. Sin embargo, estaríamos de acuerdo en que las cabezas que van a vencer las peores enfermedades o que van a construir los más sólidos edificios aparecerían con más facilidad en los modelos de enseñanza que más se acerquen al ideal orteguiano.

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Apuntes en torno a “Sobre el estudiar y el estudiante (primera lección de un curso)”, de Ortega y Gasset (I)
1… 1 .-Una de las actividades más gozosas (y, por tanto, más útiles) que he podido realizar en estos años en la biblioteca de nuestra Facultad de Derecho ha sido la consulta de un viejo ejemplar (de los años sesenta del pasado siglo) de las Obras Completas de don José Ortega y Gasset, en la canónica edición de Revista de Occidente. No voy a comentar aquí su “Misión de la universidad”, que es un ensayo excepcional. Recuerdo una vez que mi admirado colega Rafael Grasa comentó desde un alto púlpito que era lo mejor que se había escrito nunca sobre este concreto tema.
…No voy a ser tampoco tan estúpido como para descubrir ahora la impecable escritura orteguiana. Algún autor ha llegado a decir que es tan bella y de tan perfecta factura que puede convencerte de cualquier cosa. Comentaré hoy, dadas las fechas, un breve y precioso artículo de 1933 que lleva el título que indico en el encabezamiento.
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…2.-Para Ortega, estudiar es una falsedad. El estudiante no siente en absoluto la necesidad del estudio, ya sea en general o, más aún, de una concreta materia. Se trata de un imperativo que se le impone desde fuera, que no brota de él. Esto es más grave a medida que las ciencias aumentan y los saberes se almacenan en las celdillas cada vez más pequeñas de la especialización:
“¿Quién va a pretender que el joven sienta efectiva necesidad, en un cierto año de su vida, por tal ciencia que a los hombres antecesores les vino en gana inventar?”
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…3.-Esta cruda contradicción de la pedagogía no se aclara aludiendo a la exquisita minoría de interesados (que no son más que algún caso aislado) o a la vaga curiosidad del tipo “me interesan las letras”. Es abismal la distancia entre los sedientos constructores de las disciplinas y los obligados alumnos a los que se ingurgitan las soluciones preestablecidas.
…El autor nos recuerda que tampoco cabe resolver la papeleta con la propuesta de no estudiar. La transmisión estructurada de los saberes es imprescindible para la supervivencia de la sociedad.
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Diarios de un profesor disperso: un nuevo curso
…1.-Primera lección. Resonancia del famoso artículo de Ortega y Gasset, donde descubrí la radical separación –el completo abismo- entre el profesor y el estudiante. Otra vez, como cada año, la amarga manifestación de la doble tarea: enseñar y juzgar, orientar y calificar. Lo segundo se comió ya a lo primero. Justamente, lo mismo ocurre en la vida de los adultos y adustos profesores.
…2.-De nuevo, la pesada tarea de “motivar”, que es ya una consigna desleída y ridícula. Por el contrario, cada día me parece más certera la observación de Claudio Naranjo: el niño aprende de forma natural cuando percibe algo más grande que él, algo sustancial y verdadero que fascina por sus proporciones. No sé si podré yo transmitirlo.
…3.-Por si acaso, como ya se recomendaba en el Juan de Mairena, filantropía y Guardia Civil. O sea, el viejo roc a la faixa de la emulación y del miedo.