Iniciando una reflexión sobre teletrabajo y gestión patrimonial en la Administración Pública.

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En el marco de mi contribución al grupo de investigación sobre el teletrabajo en la Administración Pública (que dirige Federico Castillo), he iniciado algunas reflexiones y transcribo hoy el encabezamiento de mi primer informe.

  1. La extensión paulatina del teletrabajo en el seno de la Administración Pública producirá transformaciones sociales y territoriales en gran parte imprevisibles. Una de las razones de esta incertidumbre radica en el ritmo de su implantación, muy acelerado en las fases altas de la pandemia por Covid 19 y mucho más suave en la actualidad (por ejemplo, teletrabajo restringido a sólo a un cierto número de días a la semana).
  2.  El teletrabajo ya ha tenido un efecto jurídico directo -la nueva forma de ejecutar la prestación profesional del empleado público- y un efecto reflejo: el desarrollo de fórmulas para proporcionar el servicio público a los usuarios a través de un ordenador (relación tributaria íntegramente digitalizada, consejos sanitarios on line, educación a distancia, etc.).
  3. Una consecuencia puede afirmarse con alta seguridad: ya no es necesario sostener el volumen actual de edificios públicos y, además, los edificios que resten han de ser organizados de un modo muy diferente.
  4. Una fotografía en este momento de la gestión patrimonial inmobiliaria nos muestra, por un lado, tendencias que ya venían operando con fuerza antes de la pandemia. Por ejemplo, la venta de sedes por motivos puramente económicos y de ahorro. Un caso espectacular lo observamos en el proceso de cierre de oficinas iniciado por la Unión Europea. En este punto, el sector privado de producción y gestión de oficinas muestra signos inquietantes de reducción del negocio o, mejor dicho, de concentración en zonas muy concretas y apetecibles.
  5. Por lo que respecta a la gestión de los edificios que se mantienen bajo titularidad administrativa (en un sentido amplio que incluye derechos de uso), los cambios son ya rapidísimos. En esta línea, destaca la reflexión iniciada por la Administración Pública francesa, que acaba confesando que los edificios administrativos deben pivotar en torno al teletrabajo. En primer lugar, porque pueden ofrecer a los funcionarios la socialización y el contacto que la conexión en remoto no puede proporcionar. En segundo lugar, porque las dependencias deben convertirse en un gran espacio abierto, con separaciones inexistentes o móviles y dispuesto a acoger personas de diferentes departamentos y con horarios de acceso diversificados.***