Diarios dispersos.

   Leo la convocatoria de un futuro encuentro a celebrar en Madrid: “’Cláusulas sociales en la contratación pública: encuentro con la Ministra de Hacienda del Gobierno de España’”. Lo organiza el Foro CONR.

   En la presentación se anuncia la nueva era con redoble de tambores (y presupuestos redoblados, claro):

Las consecuencias de la crisis actual pueden neutralizarse con las cláusulas sociales en la contratación pública y en las subvenciones. La contratación pública socialmente responsable ayuda a las autoridades a proporcionar servicios y productos de calidad y obtener beneficios sociales adicionales sin aumentar el presupuesto social.

Para que la recuperación económica y social sea posible, las autoridades tienen que utilizar todos los instrumentos a su alcance para subsanar los efectos negativos de la crisis post pandemia. El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia proporcionará unos recursos financieros sin precedentes de los que, en muchas ocasiones, se hará uso mediante la contratación pública.

Es esencial que se puedan aprovechar al máximo las normas de contratación pública, a fin de que estos recursos redunden en una recuperación con los mayores beneficios sociales y económicos posibles para todos, en concreto para las personas con discapacidad, cuyo colectivo es uno de los más afectados por la crisis.”

            Y, con encomiables objetivos, se ajusta el tiro (las negritas son mías):

            “Por eso es fundamental alejarse de una lógica basada en la búsqueda del precio más bajo e introducir consideraciones relacionadas con la integración social, la igualdad de oportunidades y el empleo justo e inclusivo de los más vulnerables, en especial de las personas con discapacidad.

            No, no se trata de que el precio pueda ser complementado con otros criterios relativos a la prestación (por ejemplo, un servicio especial post venta). Lo que hay que hacer es alejarse del precio más bajo, que es una antigualla cuando se dispara con pólvora del rey.

          Una a una van cayendo las instituciones con las que nos sedujeron los liberales. Ayer le tocó a la igualdad ante la ley y hoy le toca el turno a la contratación con el menor gasto para los ciudadanos. Con velocidad de crucero, hacia la nueva sociedad estamental regida arbitrariamente por los nuevos señores (al menos en otras épocas la presión fiscal media no se encaramaba al 40%).

            Postdata: el lugar para hacer política social no es la contratación pública.

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